“Después de facebook el MSN ya no es el mismo” era el mensaje que ponía Lander ayer en su Messenger, y puede que tenga razón. Facebook ha pasado a ser en los últimos dos años la red social con más usuarios en todo el mundo.
Hace un par de décadas pensar una charla escrita en tiempo real con alguien en el otro lado del mundo era prácticamente imposible, pero el problema fue salvado con el ingreso del MSN y el correo electrónico a la vida de los humanos. El nuevo producto redujo tiempo y distancia, además de otorgar la posibilidad de conversaciones en tiempo real; si a esto le agregamos sus canales complementarios (cámara web, y audio) el Messenger fue la novedad durante su etapa.
Pero aún faltaba algo: la idea de crear una comunidad basada en la Web en la que la gente compartiera sus gustos y sentimientos. Ese algo lo creo Mark Zuckerberg, un estudiante de la universidad de Harvard que desarrolló la herramienta, primero con fines académicos para su recinto educativo, y después para los fines que le pudieran dar los usuarios.
Si bien Messenger también da la posibilidad de compartir enlaces de audios y ofrecer la opción de guardar las conversaciones, estas sólo se archivan para la consulta de la persona que haya solicitado el servicio.
Facebook abrió la posibilidad de que estas conversaciones sean almacenadas para la vista y comentario de terceros en el tiempo que lo deseen ver o compartir una idea en la modalidad de comentario.
El 2007 se lanzó las versiones de la red en distintos idiomas. En septiembre de 2009 se informaba que Facebook tenía el registro de 300 millones de usuarios, cifra que fue duplicada la siguiente gestión (500 millones de usuarios y traducciones a 70 idiomas).
Y no es para menos. Poco a poco Facebook se encontró en la mira de las grandes empresas. Para el 2007 se unifico con Youtube para que éste administrara los gustos musicales de los usuarios, siento este uno de los servicios que le han otorgado la preferencia del público.
A tal grado ha llegado la popularidad de Facebook que los medios de comunicación le han otorgado un espacio en sus páginas para que los visitantes tengan la opción de “compartir la información” y así lograr la retroalimentación con el público.
El consultor en temas de comunicación, José Hermida, planteaba la necesidad de incrementar la interactividad entre emisor y receptor, de tal forma que esta se desarrolle en red. Creo que las redes sociales, en especial Facebook, han logrado subsanar esta necesidad de retroalimentación, es en estos espacios donde el usuario se siente protagonista por ser autor o autora del contenido, y también por ende, responsable del producto.
Facebook ha sabido aprovechar la esencia de otras redes sociales - flickr que comparte fotos y videos recientemente; twiter para compartir información textual; y blogspot para la publicación de bitácoras; y las conversaciones escritas en tiempo del chat – para posicionarse como la mayor red social en el mundo.
Si bien las otras redes sociales pueden enlazarse con Facebook, como sucede con youtube, el proceso es demasiado extenso (más de tres cliks para realizar la operación) para el acceso a un espacio digital.
Por supuesto que existen falencias que deben ser subsanas - la mala escritura, la poca riqueza del vocabulario, el mal uso de algunos usuarios - pero no se puede negar que Facebook con todas estas virtudes y falencia la logrado ser mejor que Messenger con mayores posibilidades para la interacción social.
Su reto ahora es la sostenibilidad, porque un producto es desplazado en cuanto sus aplicaciones son sobrepasadas por otras más novedosas, y más, si estas logran conquistar a los jóvenes que siempre están pendientes del último grito de la tecnología.
miércoles, 22 de septiembre de 2010
Mi primer boliche, mi primer amor
Aún recuerdo la primera vez que llegué. Tenía una aureolita blanca, visible a simple vista que después fue cambiada por los ojos rojos con los que salía en las fotos, tal cual comentaria después el señor Juanka F.
Recuerdo también a la persona que me dio la bienvenida: el señor Juanka G fue a buscar una máquina, aunque eso hizo el segundo día, porque el primero yo ya había usurpado (nombre con que me reconocería después la señora Jefa) el escritorio de la señora Guardia que esa mañana de abril había salido a hacer cobertura.
Por esas fechas también llegó la doctora etilicia, (como la llaman los cumpitas J de la radio) también era tímida, pero después también se unió al grupo de los ojos rojos de las fotos – aunque nadie lo dice, pero sé que lo saben - y que después se convertiría en mi compinche de diabluras y atentados.
Recuerdo las semanas de vacaciones de la señora jefa, tiempo en el cual se me relocalizó a su boliche y se me acusara de "Usurpación de boliches privados" (nombre con el que el acto pasaría a la historia) acusación que hice pública mediante el envío de una carta a todos los que conocen a "El Choche".
Recuerdo las noches en las que el trío – Jane, Polilla y Coche - nos quedábamos a cenar, y buscábamos de manera desesperada algo que beber en el escritorio de Xime (pues es conocida por su buen gusto para las bebidas), y a quien el señor T Wilson siempre mostraba sus lesiones de guerra... digo de fútbol.
Dicen que los golpes que te da la vida son difíciles de olvidar, pero más difíciles de olvidar son los golpecitos que el señor Iván impartía sobre mi pequeña humanidad y nunca me explicaba por qué, hecho que me hizo pensar muy seriamente en la posibilidad de asistir a la chamba con un casco protector, idea de la cual desistí por que la señora Cabero prometió poner una queja en la defensoría de la niñez y abrir una denuncia ante el tribunal de ética.
Y cómo olvidar a la seria Claudita que pocas veces se la veía sonreír o participar de las locuras que se realizaban y a la que jamás vi consumir las famosas uvas de Ruth, o ¿es que ese día llegué tarde...?
Todos pertenecíamos al Club SH, donde los anfitriones se lucían cada miércoles con una delicia culinaria y de la cual el Choche Zelaya, presidente vitalicio elegido por él (no sabemos por quién más), fuera objeto de un intento de golpe de sabor por Ceci Micheleti, quien trató de ganarse a los miembros con las delicias preparadas por su mamá. El club SH prohibía rechazar al aumento de algunos kilitos, medida a la que también se sometió la señorita Jenny a su llegada y a las que se pretendía someter el bien portado Señor Muñeco que , "disimuladamente", era dirigido por su buen olfato al segundo piso para "entregar documentos" como solía justificarse alrededor de la mesa.
En fin, son muchos los recuerdos que me llevo de mi primer boliche. Dicen que al primer amor no se olvida por eso no me olvido de mi boliche y de sus miembros que por cierto... tienen muy buen diente y un buen paladar.
Recuerdo también a la persona que me dio la bienvenida: el señor Juanka G fue a buscar una máquina, aunque eso hizo el segundo día, porque el primero yo ya había usurpado (nombre con que me reconocería después la señora Jefa) el escritorio de la señora Guardia que esa mañana de abril había salido a hacer cobertura.
Por esas fechas también llegó la doctora etilicia, (como la llaman los cumpitas J de la radio) también era tímida, pero después también se unió al grupo de los ojos rojos de las fotos – aunque nadie lo dice, pero sé que lo saben - y que después se convertiría en mi compinche de diabluras y atentados.
Recuerdo las semanas de vacaciones de la señora jefa, tiempo en el cual se me relocalizó a su boliche y se me acusara de "Usurpación de boliches privados" (nombre con el que el acto pasaría a la historia) acusación que hice pública mediante el envío de una carta a todos los que conocen a "El Choche".
Recuerdo las noches en las que el trío – Jane, Polilla y Coche - nos quedábamos a cenar, y buscábamos de manera desesperada algo que beber en el escritorio de Xime (pues es conocida por su buen gusto para las bebidas), y a quien el señor T Wilson siempre mostraba sus lesiones de guerra... digo de fútbol.
Dicen que los golpes que te da la vida son difíciles de olvidar, pero más difíciles de olvidar son los golpecitos que el señor Iván impartía sobre mi pequeña humanidad y nunca me explicaba por qué, hecho que me hizo pensar muy seriamente en la posibilidad de asistir a la chamba con un casco protector, idea de la cual desistí por que la señora Cabero prometió poner una queja en la defensoría de la niñez y abrir una denuncia ante el tribunal de ética.
Y cómo olvidar a la seria Claudita que pocas veces se la veía sonreír o participar de las locuras que se realizaban y a la que jamás vi consumir las famosas uvas de Ruth, o ¿es que ese día llegué tarde...?
Todos pertenecíamos al Club SH, donde los anfitriones se lucían cada miércoles con una delicia culinaria y de la cual el Choche Zelaya, presidente vitalicio elegido por él (no sabemos por quién más), fuera objeto de un intento de golpe de sabor por Ceci Micheleti, quien trató de ganarse a los miembros con las delicias preparadas por su mamá. El club SH prohibía rechazar al aumento de algunos kilitos, medida a la que también se sometió la señorita Jenny a su llegada y a las que se pretendía someter el bien portado Señor Muñeco que , "disimuladamente", era dirigido por su buen olfato al segundo piso para "entregar documentos" como solía justificarse alrededor de la mesa.
En fin, son muchos los recuerdos que me llevo de mi primer boliche. Dicen que al primer amor no se olvida por eso no me olvido de mi boliche y de sus miembros que por cierto... tienen muy buen diente y un buen paladar.
La esquinita
El reloj del Palacio de Gobierno ha dado las ocho campanadas de la noche. Es viernes y la gente ha salido a las calles a iniciar su fin de semana carnavalero. Estoy en la calle Comercio. Miro las tiendas de zapatos, ropa, perfumes…qué sé yo…!!!
Sin darme cuenta unos golpecitos se han unido a los latidos de mi corazón “bum, bum, bum...” y le doy un ritmo y una letra que he escuchado en algún lado y la repito en mi memoria mientras se ejecuta sin parar el continuo galopar. Golpecitos, el palpitar de mi corazón, la letra y el ritmo han logrado conjuncionarse para darle una melodía a mi aburrida noche de viernes. Lindo tema¡¡¡ me digo y busco en medio de ese rio de gente, el lugar de donde proviene la pegajosa Morenada del Amor, ese es el tema, Morenada del Amor.
Mis oídos me conducen hasta la esquina de la calle Yanacocha. Sentados en banquitos plegables está la pareja. Él está con la curvilínea guitarra apoyada en su rodilla derecha; y ella, envuelta en una desteñida manta café, dando los golpecitos al tamborcillo que ha logrado embrujar los latidos de mi corazón y le han hecho repetir los versos de amor a mis labios.
Es un concierto al que podemos asistir todos. Algunos se detienen a pagar, pero no escuchan; otros pasan y se impregnan sin darse cuenta del ritmo y sin cancelar su cuota.
La pareja sigue su concierto en el frio escenario de las noches paceñas. Pocos los hemos escuchado hoy ejecutar la Morenada del Amor. Tal vez mañana el escenario se colme de gente, quizás también mañana el concierto acompañe y le dé ritmo a otro corazón, quizás mañana más personas paguen, o quizás no….
Sin darme cuenta unos golpecitos se han unido a los latidos de mi corazón “bum, bum, bum...” y le doy un ritmo y una letra que he escuchado en algún lado y la repito en mi memoria mientras se ejecuta sin parar el continuo galopar. Golpecitos, el palpitar de mi corazón, la letra y el ritmo han logrado conjuncionarse para darle una melodía a mi aburrida noche de viernes. Lindo tema¡¡¡ me digo y busco en medio de ese rio de gente, el lugar de donde proviene la pegajosa Morenada del Amor, ese es el tema, Morenada del Amor.
Mis oídos me conducen hasta la esquina de la calle Yanacocha. Sentados en banquitos plegables está la pareja. Él está con la curvilínea guitarra apoyada en su rodilla derecha; y ella, envuelta en una desteñida manta café, dando los golpecitos al tamborcillo que ha logrado embrujar los latidos de mi corazón y le han hecho repetir los versos de amor a mis labios.
Es un concierto al que podemos asistir todos. Algunos se detienen a pagar, pero no escuchan; otros pasan y se impregnan sin darse cuenta del ritmo y sin cancelar su cuota.
La pareja sigue su concierto en el frio escenario de las noches paceñas. Pocos los hemos escuchado hoy ejecutar la Morenada del Amor. Tal vez mañana el escenario se colme de gente, quizás también mañana el concierto acompañe y le dé ritmo a otro corazón, quizás mañana más personas paguen, o quizás no….
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