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miércoles, 22 de septiembre de 2010

Mi primer boliche, mi primer amor

Aún recuerdo la primera vez que llegué. Tenía una aureolita blanca, visible a simple vista que después fue cambiada por los ojos rojos con los que salía en las fotos, tal cual comentaria después el señor Juanka F.

Recuerdo también a la persona que me dio la bienvenida: el señor Juanka G fue a buscar una máquina, aunque eso hizo el segundo día, porque el primero yo ya había usurpado (nombre con que me reconocería después la señora Jefa) el escritorio de la señora Guardia que esa mañana de abril había salido a hacer cobertura.

Por esas fechas también llegó la doctora etilicia, (como la llaman los cumpitas J de la radio) también era tímida, pero después también se unió al grupo de los ojos rojos de las fotos – aunque nadie lo dice, pero sé que lo saben - y que después se convertiría en mi compinche de diabluras y atentados.

Recuerdo las semanas de vacaciones de la señora jefa, tiempo en el cual se me relocalizó a su boliche y se me acusara de "Usurpación de boliches privados" (nombre con el que el acto pasaría a la historia) acusación que hice pública mediante el envío de una carta a todos los que conocen a "El Choche".

Recuerdo las noches en las que el trío – Jane, Polilla y Coche - nos quedábamos a cenar, y buscábamos de manera desesperada algo que beber en el escritorio de Xime (pues es conocida por su buen gusto para las bebidas), y a quien el señor T Wilson siempre mostraba sus lesiones de guerra... digo de fútbol.

Dicen que los golpes que te da la vida son difíciles de olvidar, pero más difíciles de olvidar son los golpecitos que el señor Iván impartía sobre mi pequeña humanidad y nunca me explicaba por qué, hecho que me hizo pensar muy seriamente en la posibilidad de asistir a la chamba con un casco protector, idea de la cual desistí por que la señora Cabero prometió poner una queja en la defensoría de la niñez y abrir una denuncia ante el tribunal de ética.

Y cómo olvidar a la seria Claudita que pocas veces se la veía sonreír o participar de las locuras que se realizaban y a la que jamás vi consumir las famosas uvas de Ruth, o ¿es que ese día llegué tarde...?

Todos pertenecíamos al Club SH, donde los anfitriones se lucían cada miércoles con una delicia culinaria y de la cual el Choche Zelaya, presidente vitalicio elegido por él (no sabemos por quién más), fuera objeto de un intento de golpe de sabor por Ceci Micheleti, quien trató de ganarse a los miembros con las delicias preparadas por su mamá. El club SH prohibía rechazar al aumento de algunos kilitos, medida a la que también se sometió la señorita Jenny a su llegada y a las que se pretendía someter el bien portado Señor Muñeco que , "disimuladamente", era dirigido por su buen olfato al segundo piso para "entregar documentos" como solía justificarse alrededor de la mesa.

En fin, son muchos los recuerdos que me llevo de mi primer boliche. Dicen que al primer amor no se olvida por eso no me olvido de mi boliche y de sus miembros que por cierto... tienen muy buen diente y un buen paladar.

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