El reloj del Palacio de Gobierno ha dado las ocho campanadas de la noche. Es viernes y la gente ha salido a las calles a iniciar su fin de semana carnavalero. Estoy en la calle Comercio. Miro las tiendas de zapatos, ropa, perfumes…qué sé yo…!!!
Sin darme cuenta unos golpecitos se han unido a los latidos de mi corazón “bum, bum, bum...” y le doy un ritmo y una letra que he escuchado en algún lado y la repito en mi memoria mientras se ejecuta sin parar el continuo galopar. Golpecitos, el palpitar de mi corazón, la letra y el ritmo han logrado conjuncionarse para darle una melodía a mi aburrida noche de viernes. Lindo tema¡¡¡ me digo y busco en medio de ese rio de gente, el lugar de donde proviene la pegajosa Morenada del Amor, ese es el tema, Morenada del Amor.
Mis oídos me conducen hasta la esquina de la calle Yanacocha. Sentados en banquitos plegables está la pareja. Él está con la curvilínea guitarra apoyada en su rodilla derecha; y ella, envuelta en una desteñida manta café, dando los golpecitos al tamborcillo que ha logrado embrujar los latidos de mi corazón y le han hecho repetir los versos de amor a mis labios.
Es un concierto al que podemos asistir todos. Algunos se detienen a pagar, pero no escuchan; otros pasan y se impregnan sin darse cuenta del ritmo y sin cancelar su cuota.
La pareja sigue su concierto en el frio escenario de las noches paceñas. Pocos los hemos escuchado hoy ejecutar la Morenada del Amor. Tal vez mañana el escenario se colme de gente, quizás también mañana el concierto acompañe y le dé ritmo a otro corazón, quizás mañana más personas paguen, o quizás no….
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