En junio de 1997, cuando después de la jornada de elecciones presidenciales, anunciaban por la TV que el virtual ganador era Hugo Banzer Suarez mi mamá se asustó, a tal grado que mencionó un inevitable y medio tembloroso “QUÉ!!!”
Yo no entendía el porqué de su reacción tan asustadiza, así q me animé a preguntarle.
Asustada y algo nerviosa me dijo que su miedo era por todo lo que había vivido su generación durante las dictaduras.
Lo poco que ella pudo ver - pues había toque de queda en ese tiempo y mi abuelo no la dejaba salir - y lo mucho que recuerda es que cuando una persona no llegaba a su casa por la noche, los familiares lo lloraban porque sabían que no volverían a verlo, o si eso sucedía iba a ser sin vida o en el exilio.
Recuerda que su padre (mi abuelo) le contaba que a los presos, arrodillados a la orilla de una zanja, les hacían introducir sus cabezas para que un auto les pase por encima y a todos los enterraban en fosas comunes, sin que nadie les pueda elevar una oración, o simplemente no los enterraban.
Me contó que ella no podía salir de su casa, y a pesar de que por la mañana las cosas parecían que estaban bien, por la noche siempre se escuchaban circular las camionetas militares cargando o descargando personas.
Cuando alguien viajaba siempre habían estaciones de control militar en los caminos y ahí no existía ningún respeto por la dignidad humana al momento de hacer las revisiones, con eso se refirió a que cuando esculcaban a una mujer, por ejemplo, muchas veces la manoseaban si ningún miramiento.
Que reunirse era un delito, el grafitear muchas veces era saldado con la libertad, no se podían manejar papelitos de manera sospechosa porque cualquier idea contraria al régimen era pagada con la vida (claro ejemplo es el padre Luis Espinal).
En 1997, cuando Banzer era posesionado en la presidencia de Bolivia, mi mamá no hacía más que persignarse y rezar para que no se retornara a la situación de 1970.
Ahora me pongo a pensar en las muchas personas que fueron desaparecidas en esas noches de terror, en las tantas familias que tuvieron que separarse por el exilio, en toda la sangre que se derramó en las calles donde las personas debían andar con el testamento bajo el brazo porque no sabían cuándo retornarían con vida a sus casas.
Me pongo a pensar en mi mamá que debió pasar momentos de terror y humillación el rato de pasar por esos controles militares; en que olvidamos el pasado y volvemos a cometer los mismos errores eligiendo por la vía constitucional a un ex presidente de facto (claro ejemplo, la elección de Banzer. Qué ironía no creen??)
También me pongo a pensar en aquellos que, por un conflicto propio de un sistema democrático porque se reconocen las diferencias (no quiero justificar la violencia en cada conflicto), quieren el retorno a la dictadura. En las personas que ahora dicen que vivimos en una dictadura, cuando no se dan cuenta que en una “DICTADURA REAL” no podrían decir eso.
Me es inevitable emputarme cada vez que alguien escribe una estupidez como “ERA MEJOR LA DICTADURA A ESTA DEMOCRACIA” o “DIOS POR FAVOR, DANOS UN GOBIERNO DICTADOR” en el caso de algunos jóvenes.
Si algo no debemos olvidar es el pasado, porque sin pasado no tenemos presente. La humanidad debería tener por regla general hablar de su presente comprendiendo su pasado.