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sábado, 25 de abril de 2015

Visitantes nocturnos



Al principio creí q sólo eran los efectos de la teína o las infusiones antes de dormir. Pero no.  Hace casi tres  semanas deseché esa posibilidad.  

Son ya casi dos meses de insomnio  en los que parece que vivo entre los sueños y la realidad. Finalmente no sé distinguir qué es real y qué vive en mi mente, o no están ahí sino en otro espacio, en otro tiempo al que hasta el momento me he negado a entrar porque sé que no corresponde a este mundo, por lo menos no a mí y no ahora.

Nadie lo sabe y a nadie quise contar tampoco, pero empezaron a seguirme. No los puedo tocar, no los puedo ver, pero ahí están, su gélida presencia es lo más real que he podido sentir.

Como dije, al principio creía que eran alucinaciones y sensaciones producidas por la teína  o el simple insomnio. Llegaban, me hablaban, interrumpían el ruido de la noche, los aullidos de los perros que parece se escondían con un gemido de miedo y callaban para dar paso a su espeluznante silencio, tan frío, tan de ellos… Luego lo devolvían, me lo devolvían para que me sigan acompañando.

Después empezaron a hablarme mientras dormía, siempre en  medio de su silencio. Se metían en mis sueños y me mostraban cosas que ellos habían vivido no sé en qué momento o no se en qué lugar. A veces despertaba y siempre me encontraba con su silencio.

Pero no voy a olvidar esa noche en cómo comprobé que no eran producto de una traicionera imaginación. Aquella noche,  una de las primeras en las que había creído dejar atrás el insomnio, volvieron a visitarme, pero más escabrosos. Ya no llegaron son su silencio, ya no me hablaron. 

Ahora estaban al pie de mi cama, ahí, tratando de arrastrarme con ellos. Recuerdo que al resistirme solo me encerraron en mi sueño. No podía despertar, traté de pedir ayuda, de encomendarme a algún ser superior, pero tampoco lo permitieron. No podía moverme, no me permitían moverme  ni despertar. No me dejaron pronunciar palabra o plegaria alguna… estaba asustada… ¡!!! Claro y quién no¡¡¡¡. No recuerdo el momento en que hicimos el pacto, pero la realidad es q ellos están todavía aquí exigiendo algo que no pude negociar. 

No tengo certeza de  cuándo  llegaron o los empecé a sentir, lo cierto es q ahora, en estas noches de insomnio no quieren dejarme. Vienen, van, vuelven, juegan, me acompañan para que ya no sienta miedo…
La verdad es que me asustan y todo lo que son ellos, su inmaterialidad, su vida, su misma compañía…

No puedo evitar q lleguen, que se reúnan alrededor de mi cama solo para venir a hablar sobre lo que vivieron,  que vengan cargando su historia desde tan lejos, o como me dijo alguno de ellos: todos somos una historia, algunos la cargan a cuestas aún en su muerte  y otros mueren con su historia. Solo de uno depende q tan pesada o que tan liviana sea esa carga.

Tampoco sé  decir cuándo empecé a conocerlos uno por uno, lo que puedo decir y de la que tengo toda seguridad  es que ella,  Mariana, me contó su historia un martes a las 2:15 de la mañana.