Son las 11: 15 de la mañana. Es domingo y el Cementerio General, en la zona Norte de la ciudad de La Paz, se ha colmado de gente. “Choquito”, abrigado con una gorra de lana cual niño recién nacido, ingresa entre los brazos de doña Inés. A unos de pasos de la puerta principal de ingreso a la parroquia del camposanto, doña Susana se le acerca, “¿cómo se llama?” pregunta a Sofía, y tras obtener el nombre, saca de la bolsa que trae en las manos un puñado de pétalos de flores blancas que hecha sobre “Choquito”.“Choquito” no pertenece más al mundo de los vivos. Su partida al mundo de los muertos, ha dejado el legado de su cráneo unido a la celebración de “las ñatitas” rito tradicional boliviano, que congrega cada octavo día del mes de noviembre a los creyentes en su protección y favores.
Su origen
Del origen de las ñatitas no se tiene undato exacto, pero se conoce que datan de la época precolombina, dato que el amauta paceño, Sabino López, confirma con su relato de que antes que los conquistadores españoles pisaran tierra americana se veneraban a las “Chullpas”, que son los restos mortuorios de los curacas fallecidos, mismas que eran extraídas de sus mausoleos en los días de los difuntos y se les ofrecía la celebración.
La veneración y tributo a las ñatitas en ese entonces se efectuaba el 24 de octubre; más, a la llegada de los españoles a suelos del Kollasuyo, la iglesia Católica prohibió toda práctica de cualquier rito pagano, hecho que sembró el terror entre los indígenas que , temerosos por las represarías de la Santa Inquisición, mantuvieron oculta su fe en los restos óseos de sus ascendentes.
El antropólogo Jorge Laruta, explica que la celebración de las Ñatitas nace en la región de Uruchipaya, en Oruro, donde en la actualidad se continua con el legado ancestral del desentierro de los restos íntegros del difunto para vestirlas, hacerlas comer y luego volverlas a enterrar.
Si bien ahora el rito ahora se ha limitado a la bendición del cráneo del difunto, antes se hacía la celebración a los restos completos entrerrados en posición fetal “Allí es que se adornaban…Pero los españoles que llegaron han cambiado todo y hoy nosotros queremos recuperar nuestros ancestros” comenta López quien espera, junto a sus compañeros, realizar las respectivas misas andinas a las Ñatitas que llegaban al cementerio.
Para Sabino López, el cráneo está relacionado con el “ajayu” (Palabra aymara que significa ánima, alma o espíritu). De acuerdo a la concepción andina que él tiene sobre el ritual de las ñatitas, la muerte del cuerpo no implica la muerte del ajayu al que se celebra con una k’oachada el día ocho del mes de noviembre.
Se tiene la creencia de que el octavo día del onceavo mes del año, el ajayu regresa al mundo de los vivos para protegerlos y ayudarlos “El cuerpo está muerto sí, pero el ajayu existe, sigue con nosotros, por eso hoy recordamos el día de los ajayus… es como nosotros: comemos, tomamos, respiramos… así también son ellos, por eso es que se saca la cabeza” pues esta sería la energía protectora de los mortales, explica el amauta paceño.
Todo es cuestión de fe…
Sentada en una de las esquinas de las jardineras del Cementerio General, doña Inés Hugarte se encuentra junto a Choquito, la ñatita que le fuera regalada hace tres años. “Yo lo tengo en la tienda, me cuida y como también digo es un amoroso” cuenta Inés mientras deposita a Choquito en una caja, para introducirlo después en la bolsa que lo retornará al negocio del cual la dueña le atribuye su vigilancia y cuidado.
El poseer una Ñatita como compañera no implica que la misma sea de algún familiar. “Puede ser o no puede ser de un familiar. Si usted tiene fe puede ser de otra persona…” El nombre tampoco es imprescindible, pues esto va a depender de la voluntad y gusto del propietario de la ñatita, explica el amauta Benito.
Inés comparte que a Choquito lo saca una vez al año y es a la misa de las ñatitas. Después las atenciones que le da las realiza los lunes, día de las almas, en que le enciende velas, le eleva oraciones y, recientemente, comparte con él un cigarro.
Después de la bendición respectiva en la parroquia del campo santo, la celebración se traslada a locales cercanos al cementerio, fiesta en que las calacas pueden invitar a sus iguales.
Las atenciones que se tienen a las ñatitas son diferentes; algunos en agradecimiento el primer lunes de cada mes le dan coca, chica y cigarro. Otros en cambio, prefieren celebrarlas con grupos folclóricos, bandas, rezos, serenatas.
El Capitán Víctor tiene una larga tradición dentro de la familia de Nicasio Cruz; en el Comité Cívico Pro La Paz que lo reconoció en la década de 1970; entre las comadres mayores y comadres menores de los mercados Huyustus y Graneros; y en el Comando de General de la Fuerzas Armadas, que el 2008, le otorgó el rango de Capitán, pues los integrantes del grupo acudían a Víctor para que les ayude en los casos que se tornaban difíciles de resolver a los mortales.
La fe de Sofía en el Capitán Víctor, se debe a que él la liberó de una deuda que fue concluida durante los dos años consecutivos, 2007 y 2008, en que ella recibió de preste en nombre del Capitán Víctor, además de reestablecerla de sus males corporales a los que debía seguir un tratamiento. “Yo estaba mal. Soy epiléptica. Desde que he pasado este último preste ya no tengo epilepsia, estuve mal de los riñones, necesitaba hemodiálisis, pero ya no porque soy muy devota. ” comenta Sofía, que apenada cuenta que Jerónimo, su ñatita, fue llevada a Argentina por ser milagrosa.
A favor y en contra
Voces en contra de esta celebración pagana no faltaron. Por ejemplo la iglesia Católica increpó la celebración de éste rito por considerar más importante el descanso en paz de los difuntos que la tradición. Por eso, el 31 de octubre, el Arzobispo de La Paz, Edmundo Abastoflor, comunicó a todos los sacerdotes no realizar misas para las calacas, comunicado que no fue acatado por los fieles y devotos, pues de igual manera, el camposanto general se vio abarrotado de personas que llevaban en brazos a sus ñatitas a recibir la respetiva bendición.
La prohibición de la misa para las ñatitas no es reciente: El 2008, se armó toda una protesta en contra de la negación del párroco de la capilla del cementerio general a celebrar misas para los cráneos. Los ánimos de aquella gestión fueron aplacados porque los capellanes rociaron agua bendita a las calacas para adquirieran sus dotes benevolentes.
Este 2009, las declaraciones de desacuerdo del Arzobispo se basaron en que los restos mortales deben ser encomendados a la gracia de Dios, pues el rito de las ñatitas no está en concordancia con la concepción de la muerte que tiene la religión cristiana.
“No es conveniente aceptar intenciones de misas para las ñatitas, sino se puede celebrar para los fieles difuntos y para las almas desconocidos…no es necesario ni conveniente traer restos humanos sacados de las tumbas a los templos, sino dejar que descansen en paz, pidiendo al señor por ellos.”exhortaba el monseñor a los sacerdotes.
Esta visión de la iglesia católica es también compartida por los feligreses de la iglesia evangélica, quienes no comparten la idea de la adoración a los cráneos. “¿cómo puede adorar, rezar a una cabeza? ¿con qué motivo le dicen ‘tata’? ” cuestiona la estudiante de tercer año de la Carrera de Ciencias de la Educación de la Universidad Mayor de San Andrés, Paola Olivares.
Para Paola, al igual que para los que comparte su religión, el único ser al que se puede solicitar algún favor es Dios, siendo sólo él quien es capaz de proveerlo, además de estar mal infundado el rito de las ñatitas, pues las tradiciones pasan de generación en generación dentro de una familia, y quien la hereda no sabe el por qué del rito. “Pienso que la gente está tan dolida de que se haya ido una persona que tanto quiere y tiene su cabeza ahí”.
La cosa no termina ahí, pues las personas que dicen haber recibido alguna gloria de las ñatitas confían en ellas, y por tanto exhortan a los no creyentes en cambiar de parecer “porque también han sido humanos como nosotros” comenta Inés Hurtado, refutando las disposiciones de la iglesia católica.

