Páginas

miércoles, 30 de octubre de 2013

La Zanja



Cuenta que cuando llegó traía una maleta que no podía cargarla, así que la arrastró como pudo, casi, casi agachado por el esfuerzo que hacía. Nadie supo de dónde vivo. Dice que  todos los vecinos salieron a ver qué pasaba, o, en este caso, quién pasaba  haciendo todo ese escándalo.

Mi abuelito Antonio, que en ese tiempo era una wawita de 5 años, también salió a la puerta, “pero no porque era curioso, sino me mandaron a la tienda” dice él para justificarse. Yo no le creo!!! Mi abuelito es bien curioso!!.

No era una maleta grande –dice – pero sí era pesada porque apenas podía arrastrarla y por eso pasaba haciendo tanto ruido por tooooda la calle.

Se fue directo al río. Como era sábado por la mañana,  había un par de señoras lavando la ropa de sus hijos para el lunes. Llegó a la orilla. Hizo caer la pesada maleta y por fin se enderezó. Su espalda sonó tan fuerte que las señoras recién se voltearon a ver quién era. Se sentó sobre una de las grandes rocas y empezó a sacar lo que trajo arrastrando.

Tantos curiosos lo siguieron que todos se asomaron a ver, como buenos curiosos que eran, detrás de las ramitas de los arbustos haciendo todo el ruido q creían no hacían. (Obvio, también estaba mi abuelito). Sacó un pico y una pala y empezó a trabajar para desviar el río en dirección al pueblo. 

Como lo vieron cansado, algunos se acercaron y lo ayudarlo. Dos primero, luego cuatro, seis, 10, y así… Dice mi abuelito que de esa maleta empezó a sacar más palas y picos “al final creo que sólo traía eso ahí dentro. No sacó nada más”. Todos los que estaban allá se pusieron a trabajar,  sin sentido alguno, sin otra razón más que su curiosidad.

Trabajaron tanto que lograron que el río  cambiara totalmente de curso y pasara por la calle. Pero… algo raro pasó: mientras desviaban el río, éste fue tomando más fuerza, al grado que empezó a abrir una gran zanja a su paso. 

Mi abuelito dice que, si bien el agua no entró en las casas, se metió entre los muros que separaban una  casa de la otra. Al principio nadie le dio importancia: ni al gran río que se había puesto en medio de la calle que cada vez iba calando más y más la tierra, ni a los pequeños hilos de agua que se filtraban entre una casa y la otra y, también, hacían su trabajo para separar las paredes de los vecinos.

Al principio ellos, los enanos del pueblo, jugaban poniendo grandes piedras para pasar de un lado a otro, pero después los mayores usaban estas  rocas por necesidad, para que ellos también pudieran pasar.

“A alguien se le ocurrió construir un puente”, dice, “pero cuando fue a pedir ayuda al vecino, el hilo de agua  que estaba entre ambas casas ya se había convertido en otro río y hacía lo mismo q con la calle principal: se estaba haciendo cada vez más honda”.

El río era cada vez más fuerte. Las cachuelas empujaban con tal fuerza las piedras que al poco tiempo  se cansaron de echar pasos de piedras para poder ver si el vecino todavía estaba en su casa.

Trataron de construir ese puente, pero las zanjas que habían entre una casa y otra, y en medio de la calle, estaban tan grandes y honda que no podían escucharse. El que estaba en la vereda del frente pudo construirlo hasta la mitad, pero como no sabía si el otro vecino estaba o pretendía también construir el puente,  este se quedó ahí, colgando…

Así pasaron los días, los meses, los años  hasta que  un  buen día el río llegó a hacer abismos entre las casas de los vecinos. Y de la calle principal ni hablar!!!

Las personas dejaron de hablarse, de verse... Y desaparecieron…Ya no se los veía fuera de sus casas, en realidad no se sabe nada de ellos.

Mi abuelo dice que ahora ese es un pueblo fantasma. No sabe si los que viven ahí se fueron o se quedaron. No sabe si todavía existe ese río entre esos abismos, que dejó a las casas como si estuvieran sobre conos de helado,  y hasta tal vez se olvidaron cómo es q se hicieron esos enormes abismos.

Cuando pasas por el camino que está cerca  y te paras sobre la piedra puedes ver el puente a medio construir. Las casas están cada una sobre columnas que fueron construidas por el agua en tantos años.

Dice mi abuelito que hay noches en las que parece que puedes ver a los vecinos parados en las puertas de sus casas mirándose, sin hablarse, sin moverse siquiera. Se quedan así un buen rato y cuando sale el sol se esconden nuevamente. “Parece que hasta se olvidaron de hablar”. 

Dice, también, que cuanto te pones a escuchar bien, ya no se oye el río. Tal vez ni exista ya.!!!

La verdad no sé!!!  tal vez mi abuelito se inventó la historia. Tal vez sólo son cuentos para niños.!!!

Tal vez sólo quiere asustarme… *se pone caprichosa y se va a dormir*

sábado, 13 de julio de 2013

La vuelta de vez en nuez



 Empezar a hablar del pasado muchas veces aburre, pero algunas veces deberíamos tomarnos un tiempito para voltearnos a ver  cuál ha sido el camino que recorrimos hasta ahora para llegar a donde estamos. 

De vez en nuez es bueno volver a pasar por la calle de la nostalgia (Ojo: sin tropezar con las piedras del pasado) para ver si seguimos el camino que habíamos decidido iniciar  ya hace tiempo.

Es bueno darse la vuelta para no perderse del camino, para ver si atrás continúan esas personas que nos apoyaron o nos siguen apoyando aunque nosotros nos hayamos dedicado a  mirar solo adelante. Para recordar que no es un camino labrado solo o muros que hayamos franqueado con fuerzas propias.

Mirar atrás para que nos demos cuenta que, si bien no somos inmortales,  hemos tenido la fuerza para curar heridas que sangraron  y tal vez en su momento nos hicieron creer que moriríamos.

Darse la vuelta no es malo, sino por el contrario, algunas veces es hasta saludable para la memoria.

viernes, 21 de junio de 2013

Te invito a ver la luna

“Te invito a ver la Luna, así, tal cual estás,  sin maquillajes, sin máscaras, sin dinero, porque a la Luna no le importa eso” me dijo ayer y sin más ni más me llevó de la mano, medio dormida todavía, a la parte más alta del árbol de pino.
Yo no entendía porqué su apuro por ver la luna, de todas formas mañana estaría ahí, y si se ocultaba en algún lugar sólo era cuestión de tiempo  para verla otra vez. “Vamos antes de que la Parca llegue a buscarnos, ésa vieja no perdona a nadie, ni al rico ni al pobre, ni al poderoso ni al más miserable de los seres”  me dijo y  se sentó frente a la luna, como lo hace mi gatita cuando me espera por la noche.

Extendió sus brazos como si quisiera volar, empezó a estremecerse por el frío de la noche (y quién no. Este invierno está feíto y yo en camisón!!). Me tomó de la mano y empecé a sentir lo que sentía: el  frío nos roía los huesitos, se colaba en nuestra piel y hacía que cada vez  busquemos más nuestro calorcito interno, ese que cada uno tiene y la Parca nos lo quita cuando llega.

Me miró en silencio un cachito. Apuntó con su dedo pálido hacia la luna y me preguntó por qué ésa, la Luna,  tan brillante, pálida, lejana, preciosa como una perla y tan  grande como un queso chaqueño, estaba ahí brillando para todos, si todos no la veían.
Me preguntó tantas veces por qué, que su pregunta al final, para mí, perdió sentido y creo que él por fin encontró su respuesta.
- Te invito a que, cuando la contemples, llores por aquellos que no la vieron como nosotros ahora, llenando todo el cielo  y haciéndonos compañía. A que llores por ti y limpies lo malo que te dejó el día.
No recuerdo cuánto tiempo nos pusimos a llorar, abrazados. Después me invitó a  reír y a ser feliz porque había visto la luna y porque también habían otras personas que la veían como nosotros, que se llenaban de ella, que se irían con la dicha de haber vivido este momento y de haber sentido el calor que desprenden y el frío que abraza “A que rías porque esperas y sigues mañana con  lo bueno”. 

Me dio un abrazo  hasta casi salir el sol y recién me di cuenta que yo tenía un corazón para sentir, una mente y un alma para guardar esa sensación de que hasta en la más fría noche hay algo que ilumina. 

Hoy lo busqué a pesar de todavía pensaba que le faltaba un tornillo, pero también entendí porque ayer, estando  vivo, me invitó a ver la luna. 

Hoy, él ya no podía verla…


jueves, 13 de junio de 2013

Sólo él !



Saben? al recordar esto me sorprende  buscar en la memoria y comprobar que sólo una persona de las tantas que pasaron, influyeron tanto en mi vida. Tal vez por eso es que le escribo estos parrafitos.

Llegó a mi vida un martes de febrero a las 5:10 de la tarde, cuando tenía 16 años. Ya lo había visto antes caminando por los pasillos del cole, siempre de la misma forma: un maletín que cargaba varios libros – eso lo comprobé ese martes de febrero – y siempre de traje, una chompita y por dentro una camisa, parecía su uniforme. Obviamente variaba los colores, pero siempre tenía ese estilo. Respondía a los muchos “buenas tardes” que sus alumnos (de quienes sabía el nombre) y sus colegas le daban, siempre con  la sonrisa que parecía ya estar dibujada en su carita. Parecía un ermitaño, Bueno, la cosa es que ese martes de febrero ingresó al aula.

Entró. Dejó su maletín en la mesa asignada para los profes, al frente del aula. Sacó y apiló uno sobre otro todos los libros (creo que eran 7, son más de las materias que dictaba) que cargaba en su maletín negro. Se volteó a nosotros y “Buenas tardes jóvenes” dijo con su sonrisa de siempre. Empezó por presentarse y después nos dio paso a presentarnos nosotros.

Que por qué les cuento ese primer día??  Les digo porque: a comparación de mis otros profes, él no ingresó vociferando desde la puerta el saludo sin mirar a nadie. Ingresó, se tomó el tiempo para acomodar sus libros y nos saludó de frente, mirándonos y dándose  tiempo para ello. Ingresó, saludó, se presentó y nos dio paso para presentarnos nosotros, algo que un profe hasta ese entonces (y hasta cuando me fui del cole) no había hecho, era algo raro en un colegio como en el que yo estaba, donde sólo exigían y pocas veces reconocían los méritos, o dónde hacer una actividad extracurricular era una proeza que pocos la conseguíamos, donde casi todo era regido por las lecciones que tocaba avanzar de acuerdo al texto.

Recuerdo otra clase: era un jueves de junio, casi a media tarde. No sé cómo llegamos a ese punto, pero llegamos. El tema: el mismo del que nos hablan a los que hemos pasado por la pre y la promo: elegir una carrera y pensar en ser profesionales. Pero ese jueves él se refirió a algo más: nos recomendó elegir lo que quisiéramos (ojo con esa última palabra), aunque esto no sea siguiendo una carrera formal (es decir tener un cartón q diga q soy licenciada/o en tal o cual cosa) “Hagan lo que les gusta hacer, pero háganlo bien. Si se vana dedicar a cocinar, cocinen bien para que el día que yo vaya a ver a qué se dedican me alabe a mi mismo diciendo ‘él o ella era mi alumno’”. Después dijo la frase que se me quedaría grabada en la memoria hasta ahora “…Y CUANDO LLEGUEN MUY ALTO NO DEJEN DE ANDAR EN MICRO Y NO DEJEN DE IR AL MERCADO RODRÍGUEZ”.

Ya ven porqué lo recuerdo tanto? Tal vez esta frase o el cómo se presentó el primer día fue lo que hizo que gran parte de mis compañeros y yo deseáramos que fuera él quien nos entregara el diploma en la graduación. Desde el primer día supimos que no era del montón (por lo menos yo), desde el principio marcó la diferencia. Desde el principio supimos que se llamaba Roberto Ríos y desde el principio él supo cómo nos llamábamos cada uno de nosotros.

Diez años después de terminar el cole y haber dicho adiós al Profe Roberto, sigo comprobando que hay personas que se convierten en inmortales por seguir lo que les gusta y contagiar ese mismo ánimo a los demás.

jueves, 6 de junio de 2013

Un poquito de eso...



Un poco de eso ha sido suficiente para liberarme del mundo, de sus penas, de sus tormentos…Sólo con un poco puedo ir por el mundo. Me lo pasan mis cuates que ya tienen más experiencias en los jales.

Jajajajaj..!! Es inevitable reír con las imágenes deformadas que pasan por mi cabeza. No sé dónde estoy, tampoco me importa ¿para qué saberlo si lo peor de mi vida ya ha pasado?

Allá viene una mujer. Toc, toc, toc… se acerca casi contando los pasos de sus diminutos pies en zapatos de tacón. Sí… es hermosa!! Le pido que me regale unas moneditas. Me mira y no es necesario que hable; sus ojos me han dicho todo el asco que siente al ver mis manos ennegrecidas de suciedad amasada con sudor. 

Jajajaja...¡¡ ésa suciedad que simplemente refleja lo que ha sido y es mi mundo. Sus cejas perfectas se unen mostrando una carita que muestra toda la repugnancia al sentir mi aliento a clefa, a gasolina o a lo que sea que haya inalado esa noche. Le doy asco y no la culpo, en realidad eso es lo único que puedo inspirar en las personas.

Pasa, igual que todos los demás que viven en medio de este desierto negro. Se voltea, me mira y me lanza una moneda.

Jajajjaja..!!! Estoy feliz y no sé por qué, ¿cómo saberlo si mi cura para los males ha logrado lo que quería: sacarme de este mundo. Por un momento me olvido de mis viejos, de sus gritos, de sus peleas noche tras noche, de sus golpes que han endurecido mi alma, que han empedrado mi corazón. Me olvido de la cama donde me escondía para no escuchar y que no me escuche mi madre después de recibir la dosis diaria de golpes ebrios que lanzaba mi viejo sobre su cara.

Wachan?* ése imbécil al que llamé padre tantas veces reemplazaba la cena con un caldo de llanto crudo servido por mi madre y yo consumía en medio de la oscuridad de la cama.
Miro la momeda, son 10 centavos ¡qué bien!, todavía reconozco los números que la vieja gorda profesora que tuve me enseñaba.

El Papalo se acerca ¿qué quiere ahora?. Me lanza un golpe en la cara y…¡Carajo!! No sé dónde han quedado los 10 centavos.

La gente se ha espantado y con razón, cómo tener miedo a un tipo sucio, ido y con tantas marcas de la calle en el rostro. ¡¡ Qué miran, qué les importa!!! Ustedes no saben nada de mi vida, ustedes no saben nada de sus vidas?? Qué es para ustedes 10 centavos, no es nada, pero para mí significa la salida de este puto mundo donde me ha tocado llegar, donde solo soy un pasajero mal cargado que quiere irse de una buena vez !! Sigan su camino como lo han hecho ese par de imbéciles a los que algún momento llamé padres. 

¿Creen que no tuve sueños igual que ustedes, igual que sus hijos? ¿Creen que yo no fui niño? No carajo!!! Yo tenía una vida, yo quería una vida, quería que mi viejo me enseñara a jugar fútbol, igual que a mis amigos!!

Ahora lo que único q quiero es salir de este mundo, de esta existencia maldita que no vale la pena llamarla así. ¿Qué saben?? No saben nada ni de mí ni de mí vida!! Sólo quería un poquito de eso…