Páginas

viernes, 19 de diciembre de 2014

Bodas de perla


Por: Mario Benedetti


Después de todo qué complicado es el amor breve y en cambio qué sencillo el largo amor. Digamos que éste no precisa barricadas contra el tiempo ni contra el destiempo,  ni se enreda en fervores a plazo fijo.

El amor breve aún en aquellos tramos en que ignora su proverbial urgencia,  siempre guarda. o esconde, o disimula semiadioses que anuncian la invasión del olvido; en cambio el largo amor no tiene cismas, ni soluciones de continuidad, más bien continuidad de soluciones.

Esto viene ligado a una historia: la nuestra, quiero decir de mi mujer y mía, historia que hizo escala en treinta marzos que a esta altura son como treinta puentes, como treinta provincias de la misma memoria porque cada época de un largo amor, cada capítulo de una consecuente pareja, es una región con sus propios árboles y ecos, sus propios descampados sus tibias contraseñas.

He aquí que mi mujer y yo somos lo que se llama una pareja corriente y por tanto despareja. Treinta años incluidos los ocho bisiestos de vida en común y en extraordinario.

Alguien me informa que son bodas de perlas y acaso lo sean ya que perla es secreto y es brillo llanto fiesta hondura y otras alegorías que aquí vienen de perlas.

Cuando la conocí tenía apenas doce años y negras trenzas y un perro atorrante que a todos nos servía de felpudo.

Yo tenía catorce y ni siquiera perro. Calculé mentalmente futuro y arrecifes y supe que me estaba destinada, mejor dicho que yo era el destinado. Todavía no sé cuál es la diferencia.

Así y todo tardé seis años en decírselo y ella un minuto y medio en aceptarlo.

Pasé una temporada en Buenos Aires y le escribía poemas o pancartas de amor que ella ni siquiera comentaba en contra y yo, sin advertir la grave situación, cada vez escribía más poemas, más pancartas. Realmente fue una época difícil.

Menos mal que decidí regresar como un novio pródigo cualquiera.

El hermano tenía bicicleta. Claro, me la prestó y en rapto de coraje salí en bajada por la calle Almería.

Ah!! lamentablemente el regreso era en repecho. Ella me estaba esperando muy atenta. Cansado como un perro, aunque enhiesto y altivo, bajé de aquel siniestro rodado y de pronto me desmayé en sus brazos providenciales. Y aunque no se ha repuesto aún de la sorpresa, juro que no lo hice con premeditación.

Por entonces su madre nos vigilaba desde las más increíbles atalayas. Yo me sentía cancerbado y miserable delincuente casi delicuescente.

Claro eran otros tiempos y Montevideo era una linda ciudad provinciana sin capital a la que referirse y con ese trauma no hay terapia posible, eso deja huellas en las plazoletas.

Era tan provinciana que el presidente andaba sin capangas y hasta sin ministros. Uno podía encontrarlo en un café o comprándose corbatas en una tienda. La prensa extranjera destacaba ese rasgo comparándonos con Suiza y Costa Rica.

Siempre estábamos llenos de exilados, así se escribía en tiempos suaves. Hora en cambio somos exiliados, pero la diferencia no reside en la i: eran bolivianos, paraguayos, cariocas y sobre todo eran porteños.

A nosotros nos daba mucha pena verlos en la calle nostalgiosos y pobres vendiéndonos recuerdos y empanadas.  Es claro, son antiguas coyunturas. Sin embargo señalo a lectores muy jóvenes que Graham Bell ya había inventado el teléfono, de aquí que yo me instalara puntualmente a las seis en la cervecería de la calle Yatay y desde allí hacía mi llamada de novio que me llevaba como media hora.

A tal punto era insólito mi lungo metraje que ciertos parroquianos rompebolas me gritaban cachádome al unísono “dale anclao en París”. Como ven, el amor era dura faena y en algunas vergüenzas casi industria insalubre.

Para colmo comí abundantísima lechuga que nadie había desinfectado con carrel.  En resumidas cuentas: contraje el tifus, no exactamente el exantemático, pero igual de alarmante y podrido me daban agua de apio y jugo de sandía. Yo por las dudas me dejé la barba e impresionaba mucho a las visitas.

Una tarde ella vino hasta mi casa y tuvo un proceder no tradicional, casi diría prohibido y antihigiénico que a mí me pareció conmovedor:  besó mis labios tíficos y cuarteados conquistándome entonces para siempre, ya que hasta ese momento no creía que ella fuese tierna inconsciente y osada.

De modo que no bien logré recuperar los catorce kilos perdidos en la fiebre, me afeité la barba que no era de apóstol, sino de bichicome o de ciruja, me dediqué a ahorrar y junté dos mil mangos cuando el dólar estaba me parece a uno ochenta. Además decidimos nuestras vocaciones, quiero decir vocaciones rentables: ella se hizo aduanera y yo taquígrafo.

Íbamos a casarnos por la iglesia y no tanto por Dios padre y mayúsculo como por el minúsculo Jesús entre ladrones con quien siempre me sentí solidario, pero el cura además de católico apostólico, era también romano y algo tronco. De ahí que exigiera no sé qué boleta de bautismo o tal vez de nacimiento.

Si de algo estoy seguro es que he nacido, por lo tanto nos mudamos a otra iglesia donde un simpático pastor luterano que no jodía con los documentos sucintamente nos casó y nosotros dijimos “SÍ” como dándonos ánimo y en la foto salimos espantosos.

Nuestra luna y su miel se llevaron a cabo con una praxis semejante a la de hoy, ya que la humanidad ha innovado poco en este punto realmente cardinal.

Fue allá por marzo del cuarenta y seis, meses después que Daddy Truman, conmovido, generoso, sensible, expeditivo, convirtiera a Hiroshima en ciudad cadáver, en inmóvil guiñapo en no ciudad. Muy poco antes o muy poco después, en Brasil, Adolphe Berk, embajador de USA, apoyaba qué raro el golpe contra Vargas. En Honduras las inversiones yanquis ascendían a trescientos millones de dólares; Paraguay y Uruguay en intrépido “Ay” declaraban la guerra a Alemania sin provocar, por cierto, grandes conmociones. En Chile, Allende era elegido senador y en Haití los estudiantes iban a la huelga. En Martinica, Aimé Cesaire, el poeta,  pasaba a ser alcalde en Fort de France. En Santo Domingo el PCD se transformaba en PSP y en México el PRM se transformaba en PRI.  En Bolivia no hubo cambios de siglas pero faltaban tres meses solamente para que lo colgaran a Villarroel. Argentina empezaba a generalizar y casi de inmediato a coronelizar.

Nosotros dos nos fuimos a Colonia Suiza ajenos al destino que se incubaba. Ella con un chaleco verde que siempre me gustó y yo con tres camisas blancas.

En fin!! Después hubo que trabajar y trabajamos treinta años. Al principio éramos jóvenes pero no lo sabíamos, cuando nos dimos cuenta ya no éramos jóvenes. Si ahora todo parece tan remoto será porque allí una familia era algo importante y hoy es de una importancia reventada.

Cuando quisimos acordar el paisito que había vivido una paz no ganada, empezó lentamente a trepidar pero antes anduvimos muy campantes por otras paces y trepidaciones. Combinábamos las idas y las vueltas, la rutina nacional con la morriña allá lejos. Viajamos tanto y con tantos rumbos que nos cruzábamos con nosotros mismos; unos eran viajes de imaginación (qué baratos) y otros (qué lata) con pasaporte y vacuna.

Miro nuestras fotos de Venecia, de Innsbruck y también de Malvín, del Balneario Solís o el Philosophenweg. Estábamos, estamos, estaremos juntos.

Pero cómo ha cambiado el alrededor. No me refiero al fondo con mugrientos canales, ni al de dunas limpias y solitarias, ni al hotel chajá ni al balcón de Goethe, ni al contorno de muros y enredaderas, sino a los ojos crueles que nos miran ahora.

Algo ocurrió en nuestra partícula de mundo que hizo de algunos hombres maquinarias de horror. Estábamos, estamos, estaremos juntos. Pero qué rodeados de ausencias y mutaciones, qué malheridos de sangre hermana, qué enceguecidos por la hoguera maldita.

Ahora nuestro amor tiene como el de todos inevitables zonas de tristeza y presagios, paréntesis de miedo incorregibles lejanías, culpas que quisiéramos inventar de una vez para liquidarlas definitivamente.

La conocida sombra de nuestros cuerpos ya no acaba en nosotros, sigue por cualquier suelo cualquier orilla hasta alcanzar lo real escandaloso y lamer con lealtad los restos de silencio que también integran nuestro largo amor.

Hasta las menudencias cotidianas se vuelven gigantescos promontorios, la suma de corazón y corazón es una suasoria paz que quema. Los labios empiezan a moverse detrás del doble cristal sordomudo, por eso estoy obligado a imaginar lo que ella imagina y viceversa. 

Estábamos, estamos, estaremos juntos. A pedazos, a ratos, a párpados a sueños.  Soledad norte, más soledad sur para tomarle una mano nada más, ése primario gesto de la pareja. 

Debí extender mi brazo por encima de un continente intrincado y vastísimo y es difícil no sólo porque mi brazo es corto (siempre tienen que ajustarme las mangas), sino porque debo pasar estirándome sobre las torres de petróleo en Maracaibo, los inocentes cocodrilos del Amazonas, los tiras orientales de Livramento. 

Es cierto que treinta años de oleaje nos dan un inconfundible aire salitroso y gracias a él nos reconocemos por encima de acechanzas y destrucciones. La vida íntima de dos, esa historia mundial en libre de poche, es tal vez un Cantar de los Cantares, más el Eclesiastés y sin Apocalipsis. Una extraña geografía con torrentes, ensenadas praderas y calmas chichas.

No podemos quejarnos. En treinta años la vida nos ha llevado recio y traído suave. Nos ha tenido tan, pero tan ocupados que siempre nos deja algo para descubrirnos, a veces nos separa y nos necesitamos. Cuando uno necesita se siente vivo, entonces nos acerca y nos necesitamos. 

Es bueno tener a mi mujer aquí aunque estemos silenciosos y sin mirarnos. Ella leyendo su séptimo círculo y adivinando siempre quién es el asesino, yo escuchando noticias de onda corta con el auricular para no molestarla y sabiendo también quién es el asesino. 

La vida de pareja en treinta años es una colección inimitable de tangos, diccionarios, angustias, mejorías, aeropuertos, camas, recompensas, condenas… pero siempre hay un llanto finísimo, casi un hilo que nos atraviesa y va enhebrando una estación con otra borda aplazamientos y triunfos. Le cose los botones al desorden y hasta recomienda melancolías, siempre hay un finísimo llanto, un placer que a veces ni siquiera tiene lágrimas y es la parábola de esta historia mixta. 

La vida a cuatro manos el desvelo o la alegría en que nos apoyamos cada vez más seguros casi como dos equilibristas sobre su alambre, de otro modo no habríamos llegado a saber qué significa el brindis que ahora sigue y que lógicamente no vamos a hacer público. 


martes, 6 de mayo de 2014

“Mira bien de qué mujer te enamoras”

(* Algo que encontré por ahí)

No te enamores de una mujer inteligente, de una mujer que siente demasiado, de una mujer que escribe y piensa mucho. Tampoco la escuches o prestes mucha atención a lo que dice, porque se meterá en tu corazón sin que te hayas dado cuenta.

Enamórate de una simple, básica y en lo posible que tenga mala ortografía. Ella te dará alegría sin sabor, de esa que no despierta emoción. En cambio, una chica inteligente sería capaz de narrar la historia más aburrida y hacerla parecer divertida, interesante, ocurrente. Ésa que escribe hasta en una servilleta será capaz de moverte algo más que el piso.

Búscate una chica artificial que solo se preocupe por su aspecto, de ésas a las que les gusta mostrar el cuerpo; te vendrá bien en todas esas fotos y reuniones sociales. Tu mamá dirá que podrán tener hijos hermosos y que ella se dedicará a cuidarlos cuando llegue el momento.

Una chica a la que le gusta escribir y leer, en cambio, podría reírse de alguna tontería en plena calle cuando recuerde algún chiste o cuando decida ser ella misma en alguna reunión y convertirse en una persona interesante llena de cuentos y aventuras. Su risa podría ser muy franca, viral y contagiosa, de hecho podría hacerte reír todo el tiempo. Por cierto, además de genuina también es muy femenina, pero lo es con un vestido de noche o con jean y zapatillas, porque es mujer por su esencia y no por aquello que viste. Es bellísima siempre, con un traje de diseño o con el cabello apenas atado y ropa de entrecasa.

Mejor disfruta de tu vida con una chica cualquiera, trivial, playita y simple, de ésas que a todo te dicen “Sí” y nunca te contradicen en nada, sin siquiera mantener una opinión propia. Tendrás una vida sin preocupaciones y sin montañas rusas emocionales. Siempre sabrás qué esperar y cómo, hasta cuando estén en la intimidad.

Por otra parte, esa clase de mujeres abundan en todas partes y son más fáciles de conquistar. Te será fácil encontrarlas. Por lo general se suelen ofrecer mostrando antes que sugiriendo, son de las que no dejan nada librado a la imaginación y puedo asegurarte que será así por el resto de su vida.

Deja de lado a aquella chica que escribe, atrevida, misteriosa y oculta detrás de su inteligencia. Esa que es capaz de mostrar su lado más salvaje cuando se siente cómoda y aceptada, porque será ese, aunque no lo creas, el momento en que resultará más atractiva que nunca. Ella, la chica que escribe, que lee, que disfruta, que cuenta historias será todo un reto. Mantenerla a tu lado no será cuestión sencilla.

En cambio, aquella chica que no escribe ni siquiera un papel para decirte cuánto te ama o que ni siquiera sabe enviar un mensaje de texto sin abreviar todo, será mucho más fácil de mantener. Llévala a fiestas ruidosas y llenas de gente plástica que solo asiste a aquellos lugares para que el ruido de la música les impida escuchar la tristeza de sus pensamientos.

Conquista a una mujer que no escriba ni le guste pensar demasiado, ella será fácil a la hora de consentirla y hacerle regalos, para ella solo será cuestión de flores y chocolates, sin esperar más allá.

Piensa sin embargo, que si te enamoras de una mujer inteligente, deberás escribir mucho, saber de buena música, o sencillamente regalarle lo único que te exigirá siempre: calidad de tiempo. Ella necesitará que la enamores todos los días, hablándole y escuchándola.

Para ella cualquier regalo podría ser especial, pero nunca sabrás con seguridad qué es «cualquier regalo» porque sabes que ella retará tu creatividad. Por otra parte, será mejor que cada vez que ella hable, la escuches atentamente (no solo hagas de cuenta que la oyes) o la perderás para siempre y te cerrará su corazón. Ese tipo de mujeres suelen ser muy seguras y pragmáticas, o te aman incondicionalmente o te dejan de amar para siempre.

En fin, enamórate. Enamórate de la que irrumpa en tus sueños cuando menos lo esperes, enamórate de esa que te rete y te desafíe. Conquista a esa mujer que, sin darse cuenta, ya entró en tu cabeza, se metió en tu corazón y no puedes ni la quieres quitar de allí. Enamórala porque te la imaginas en tu casa, contigo a tu lado, en medio de un caos en la cocina. Enamórala con frases inesperadas, con música que te conecte a ella, con deseos y mensajes que llegan a deshora solo para recordarle que la extrañas. Enamórense.

Pero si descubres que ella es mucho para ti porque reta demasiado tu mente y es demasiado única, corre a buscar a la chica que no escribe ni lee mucho, esa que no opina de nada, que nunca discute, que a todo te dice “Sí”, y tendrás a una de las tantas mujeres comunes que pululan el universo femenino.

Y a propósito, una talentosa poeta Dominicana llamada Martha Rivera Garrido, alguna vez escribió algo así:  “No te enamores de una mujer culta, maga, delirante, loca. No te enamores de una mujer que piensa, que sabe lo que sabe y además sabe volar; una mujer segura de sí misma, y mucho menos de una romántica que ame la poesía (esas son las más peligrosas), o que se quede media hora contemplando una puesta de sol, el viento y no sepa vivir sin la música. Ni de una mujer que es bella sin importar las características de su cara y de su cuerpo. No te enamores de una mujer intensa, lúdica, lúcida e irreverente. No quieras enamorarte de una mujer así. Porque cuando te enamoras de una mujer como ésa, se quede ella contigo o no, te ame ella o no, de ella, de una mujer así…jamás se regresa”.

martes, 29 de abril de 2014

La Muñeca

10 de la noche y aún estoy aquí, en la pasarela de La Pérez.

A esta hora el lugar se ha hecho una galería artística: dos niños potosinos bailan rasgando los charangos que desprenden un tono  medio melancólico y a la vez movidito; un dibujante vende sus artes, otro más allá ofrece posters de artistas...

No sé por qué en medio de tanto ruido, conversaciones, los niños que bailan y tocan, la señora que vende los chocolates y la otra que vende las chalinas y las dos gritan al mismo tiempo, me fijo en ella que gira, gira y gira como la muñeca de  una cajita musical que está a punto de desecharse.

Tal vez es su forma tan particular de bailar/girar, tal vez sus facciones y formas tan varoniles que la delatan, tal vez es la música villera tan llamativa con la que gira, no lo sé, pero ahí está.

La Muñeca gira al ritmo de una cumbia que suena por la radio. Gira detrás de la cajita que le sirve para recibir las monedas que algunos de dan por el espectáculo.

Sus largas piernas se sostienen sobre un par de tacones de zapatos cerrados, que a simple vista se nota que le incomodan. En algún momento de esos parece que va a caer, pero logra mantener el equilibrio y sigue girando.

Algunos pasan, otros nos hemos detenido a  verla girar desde lejitos, en su espacio tan pequeñito al final de la pasarela. Otros le dan un par de monedas en la cajita; otros la miran de pies a cabeza,  encojen los hombros, ocultan sus sonrisas con la mano y siguen su camino murmurando y volteándose a mirar de reojo los giros de La Muñeca.

Un  hombre  medio obeso se detiene justo frente a ella. Le mira y remira la microfalda tableada que apenas le cubre los glúteos. Se apoya en la baranda, cruza los pies, los brazos y se pone a observarla como si fuera el mejor espectáculo del mundo, como si La Muñeca bailara solo para él.

Parece que la desnuda con los ojos, le mira, pero no el rostro, solo la faldita y las largas piernas que la ayudan a girar. Tiene en su cara redonda una sonrisa maliciosa… brrrrrrr *Se estremece*

La Muñeca agacha la cabeza y sigue girando y sigue girando, como si de girar dependiera su vida y parece que así es. Girar y soporta  las burlas  de algunos y comentarios y miradas  obscenas de otros.

Ya han pasado 15 o 20 minutos… Yo qué sé!!!! Solo sé que hace frío, que la galería de artistas callejeros se está vaciando, que los espectadores caminan más apurados de lo normal (claro, ya es tarde), que La Muñeca recoge sus monedas, apaga la radio, toma su cartera y se va por la calle Potosí. Y que mientras se va, el hombre que la estaba mirando le lanza un piropo grotesco… Que es hora de correr a casa o no tendré dónde dormir esta noche. Chauuu!!!

jueves, 10 de abril de 2014

Esperanza

No, no es resignación aunque parezca,

No es que te haya olvidado, no.

No es que te haya dejado de querer.

Al contrario.

Te quiero libre, soñador, sincero, felíz…

Así como te conozco y te conocí.

Te quiero a pesar del tiempo y en el tiempo.

No te quiero a pesar de tu pasado,

Te quiero por tu pasado y por tu presente.

Tus alas son tus sueños y tu libertad

Tantas veces te ha amenazado la oscuridad

Que ya no le tienes miedo.

No, no es que no quiera pelear por ti,

No es que no tenga las fuerzas,

No es que me haya resignado a tu partida.

Es solo que mi amor a ti es  más grande

Es mi fe de encontrarte en mi camino

Es solo mi esperanza… :)

jueves, 27 de marzo de 2014

Evolucionar es también cosa del arte

Doña Clementina oscila los 40 y 50 años. Tiene el dejo con el que muchas personas caracterizaban, y siguen caracterizando, a la mujer de pollera. Y cuando se habla de Riguchito Pinto Limachi, “muchachito natural de Achacachi”, el  gracioso policía que coquetea con la cholita mientras  descuida el semáforo de la calle,  es inevitable acordarse del dejo de su vocabulario. ¿Qué de quién hablamos? Así es; nada más y nada menos que de los conocidos personajes de la obra de teatro popular “Plato paceño” escrita por el dramaturgo paceño Raúl Salmón.

La obra fue escrita en la década de 1980, una época en la que la sociedad vivía con sus prejuicios raciales, étnicos, de clase, y hasta económicos. La época y el momento eran propicios para mostrar las características bolivianas de ese período de transición hasta de espacio territorial (la fundación de la ciudad de El Alto se dio precisamente en esta década).

En un momento de la historia boliviana en que los teatros eran reservados para la gente pudiente, mostrar a una mujer de pollera sobre las tablas, con sus problemas, en su espacio,  fue revolucionario, hasta por el contenido mismo de la obra. Mostrar una obra como “Conde Huyo, la calle del pecado” en la década de los 50, cuando hablar sobre sexualidad era casi un tema prohibido, fue revolucionario.

Pero ha pasado más de medio siglo de tratar esas temáticas y  casi dos décadas y media de la muerte de  Raúl Salmón. Los temas han cambiado. La sociedad ha cambiado, ha evolucionado. El ser “hijo de chola” no es algo que avergüence a los jóvenes y adolecentes del 2013. El imitar, al grado de convertirlo en parámetro, la exageración en el dejo lingüístico de los migrantes del campo a la ciudad puede resultar incluso ofensivo y de mal gusto para algunos sectores sociales que durante la última década han revalorizado sus formas de ser en la sociedad.

El teatro popular, más allá de ser un espacio de entretenimiento, tiene la misión de invitar a la reflexión de su sociedad, de develar aquellos prejuicios que la sociedad muchas veces se guarda en cuatro paredes. Mostrar a una mujer de pollera con el dejo lingüístico exagerado para la mofa del público, no tiene ningún sentido. 

El teatro no tiene nada accidental, nada que no esté justificado, todo tiene una misión, un propósito, en especial la temática que siempre está ligada a las problemáticas de una sociedad. Si los personajes, sus características, sus vivencias, sus problemas, sus alegrías, no reflejan lo que sucede en la sociedad, el teatro no tiene razón de ser. El arte escénico debe evolucionar a la par de su sociedad.

viernes, 7 de marzo de 2014

No les pido el 8 de marzo

Como no estaré conectada, NO les voy a pedir lo siguiente:

No les voy a pedir flores, sino respeto a mis derechos que tanto costó a las mujeres que me precedieron y que son sus abuelas, madres, hermanas, amigas, hijas, nietas, sobrinas y demás familia.

No me manden frases bonitas, por favor, no. Eso no me ayuda en nada, son bonitas solamente. No me vean como a una muñeca con su  90-60-90 o como florecita delicada, sino como a persona  de carne y hueso. 

No me piropeen con obscenidades cuando me vean pasar por la calle con un escote, una faldita corta, tacos altos, con mucho maquillaje o cuando simplemente muestre mucha piel, sólo déjenme pasar tranquila; incluso cuando no muestre mucha piel, sólo déjenme pasar tranquila. 

No me vean como  persona complicada, ni pongan en sus FBs esos memes donde nos muestran tan complejas. Podemos tener gustos diferentes y ser detallistas, que es diferente, pero eso no nos hace complicadas.

No me hagan políticas públicas o leyes porque "tienen que", sino porque así debe ser y porque lo hemos ganado en tantos años en los que hemos exigido  las mismas oportunidades que los varones y porque cuando hemos tenido esas oportunidades hemos sabido demostrar que podemos como cualquiera de Uds.

No les voy a pedir que cumplan esto por un día, sino por todos los días.

Y como no voy a estar conectada, les dejo este poemita.

Si Dios fuera una mujer

* Mario Bennedetti

¿Y si Dios fuera mujer?
pregunta Juan sin inmutarse,
vaya, vaya si Dios fuera mujer
es posible que agnósticos y ateos
no dijéramos no con la cabeza
y dijéramos sí con las entrañas.

Tal vez nos acercáramos a su divina desnudez
para besar sus pies no de bronce,
su pubis no de piedra,
sus pechos no de mármol,
sus labios no de yeso.

Si Dios fuera mujer la abrazaríamos
para arrancarla de su lontananza
y no habría que jurar
hasta que la muerte nos separe
ya que sería inmortal por antonomasia
y en vez de transmitirnos SIDA o pánico
nos contagiaría su inmortalidad.

Si Dios fuera mujer no se instalaría
lejana en el reino de los cielos,
sino que nos aguardaría en el zaguán del infierno,
con sus brazos no cerrados,
su rosa no de plástico
y su amor no de ángeles.

Ay Dios mío, Dios mío
si hasta siempre y desde siempre
fueras una mujer
qué lindo escándalo sería,
qué venturosa, espléndida, imposible,
prodigiosa blasfemia.

sábado, 15 de febrero de 2014

Elijo la segunda

4:30 pm. “Voy a bajar” anuncia la señora que se encuentra sentada en el tercer asiento del minibús, junto a la ventanilla. El chofer  hace caso y se detiene al doblar la esquina. Mientras la señora desciende del minibús y está cancelando los 1, 50 Bs., se escucha un golpe seco en la parte trasera del móvil.
Todos se giran desde sus asientos a mirar. Ahí está la causa: un minibús acaba de chocarnos. El chofer de nuestro móvil baja del minibús y se dirige hacia el segundo.

Primera solución, la clásica: gritos y palabras soeces 

El conductor desciende del minibús gritando un montón de groserías al que le acaba de chocar. Sin dejar de elevar el tono de su voz, le pide explicaciones. El otro conductor responde de igual forma: parafraseando las mismas groserías del primer conductor.

En un momento dado los pasajeros de uno y otro vehículo intervienen. No se sabe cómo, pero en un momento de esos un conductor se abalanza a puños y patadas sobre el otro, quien también responde de la misma forma. 

El voceador del segundo móvil – el que chocó – sale del minibús a defender a su  jefe. Lo pasajeros del otro minibús hacen lo mismo. Al final casi todos, de alguna u otra forma, terminan involucrados en el problema.
Segunda solución, la que usualmente no se ve: arreglar las cosas por las buenas
El conductor desciende del minibús. Se dirige hacia el conductor que acaba de chocarnos, el que también baja de su vehículo. El segundo pide una disculpa en un tono de vos humilde y hasta de arrepentimiento.
Ambos se detienen a ver los daños, pero ninguno de los dos eleva la voz. Son casi 15 minutos los que están cuantificando los daños. Por fin el conductor que chocó le da sus datos: nombre,  sindicato al que está afiliado, el número de C.I. y de celular. Después se dan la mano, le dic nuevamente la mano y ambos conductores vuelven a sus vehículos y continúan su marcha.
¿Cuál de las dos soluciones prefieres?. Yo elijo la segunda, porque tuve la oportunidad de verla.