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lunes, 31 de enero de 2011

Machu Pichu III y IV parte - La Maldición del turista.!!!

III Parte - Por fin Machu Pichu!!!

Aquí estamos, frente a la entrada de las ruinas de Machu Pichu, ciudad a la que hemos llegado después de dos días de viaje, y esta mañana todavía tuvimos que hacer otro viajecito.

Nos despartamos como a las 5:45 am, tal vez porque hace demasiado calor como para seguir envueltas en frazadas. Llovió toda la noche y eso nos preocupó un  momento pues  los comunarios nos advirtieron que si hay demasiada lluvia, el transporte a Machu Pichu detiene su trabajo por lo peligroso del camino o porque simplemente este desaparece por los derrumbes.

Estábamos casi listas. Yo pretendía llevar mí sagrada mochila con lo necesario, a mi parecer, para sobrevivir ese día: una botella  con agua, algo sólido para comer, un sombrero y lentes oscuros (creo que eso fue todo, la verdad no recuerdo todas las pequeñas cosas que pretendía llevar). “No lleves tanto” me dice Janeth “solo nos va a molestar”. Y le hago caso.

 “No van a salir?? El taxi está aquí” nos llama desde la puerta el administrador del hospedaje. Janeth y yo salimos  cómo podemos y en serio es cómo podemos, porque en ese apuro olvido todo lo que había preparado para llevar en la mochila (qué macana…!!). Me arrepiento de haber dejado la mochila de lado y de alguna manera, de haber hecho caso a mi amiga pues nos quedamos sin nada y  durante el día tuvimos que sobrevivir sólo con el agua que compré en Aguas Calientes (me costó 4 soles, que en cambio a moneda boliviana es 10 bs.) y que llevé en la mano todo el día junto a nuestras chamarras (es que cuando salimos caía una lluvia menuda, pero intensa y se sentía un frío paceño).

El taxi solo nos lleva hasta una parte del camino, la otra parte se había derrumbado, tal cual nos lo habían dicho la noche anterior. Todos los pasajeros tenemos que descender por un camino resbaloso e improvisado hacia El Puente, como se llama el sector porque existe un puente colgante sobre el río Urubamba que debemos pasar todos los que queremos llegar a la otra orilla.

Nosotras y los turistas por supuesto que lo disfrutamos; nos tomamos las fotos que podemos. Los demás turistas hacen lo mismo (jajaj es genial ver cómo se revierten las cosas: en nuestro país vemos raro a los turistas que fotografían toda cosa “interesante” que ven, ahora nosotras estamos en el grupo de los raros..jejeje); en cambio, los comunarios pasan y ya, supongo que es porque ya vieron este paisaje en muchas ocasiones,  y sólo se  apresuran para llegar a tomar el tren que sale a las 8 am y los trasladará a las otras poblaciones del lugar.

Tratamos de alcanzarlos y no quedarnos atrás. Janeth empieza a sentir que le falta el aire y apenas puede respirar, pero después de un tramo del camino recupera el aliento. Sólo era cuestión de acostumbrarse.   Yo, en cambio, me distraigo sacando cuanta foto puedo al paisaje. Una de ellas es a la caída de agua de una cueva, no se ve de dónde proviene el líquido, el  hueco está en medio de una montaña rocosa y es sólo eso: un hueco por donde cae el agua al río Urubamba.

Creo que caminamos unos 45 minutos y llegamos al sector llamado Central Hidroeléctrica (porque es la planta generadora de electricidad que más alcance tiene a los poblados vecinos, según nos explica doña Tomasa Vargas, de la cual les contaré más adelante) y es el lugar de donde debemos tomar el tren hacia Machu Pichu, creo que es la única forma de llegar hasta allá porque tampoco vemos un camino carretero y los lugareños tampoco hablan de otra forma de transporte por el lugar.

En la estación del ferrocarril a los comunarios les cobran entre 3 a 5 soles. Nosotras no sabemos cuál es el costo de la “clase turista”, así que nos ponemos en la misma fila, pero no nos venden los mismos boletos porque no tenemos el famoso DNI (que en Perú viene a ser como el carnet de identidad), solo tenemos la C.I. boliviana, así que nos envían a la otra fila que es la de turistas, donde no hay casi nadie y nos cobran 18 dólares a cada una. !!! ni el ser estudiante y portar la matricula nos salva del precio!!!.

Llega el tren y abordamos nuestro vagón “clase turista” ( a estas alturas ya estoy  renegando por lo caro del boleto, así que es sarcasmo eso de “clase turista”… grrrrr…). No me quejo, es cómodo “Me siento importante” dice Janeth en tono de broma. Genial !! Somos las primeras, así que nuevamente tenemos asientos para escoger…jejje. Esperamos a que ingresen los otros cuatro que viajarán también en “clase turista” y allá vamos otra vez, pero ahora para hacer parada en nuestro objetivo: Machu Pichu.

Llegamos a la zona turística de Aguas Calientes - como es conocida la población - en casi 50 minutos. Janeth y yo vamos a buscar el lugar de donde podamos que comprar los boletos de pase a las ruinas. ¿Los precios? 63 soles  para estudiantes extranjeros y 32 para los nacionales, 126 para los adultos extranjeros y 60 para nacionales. Para no pasar apuros  en el camino, antes decidimos ir a algún cajero por un dinerito extra. Pero no!! No encontramos un cajero que pueda ser compatible con alguna tarjeta de crédito. Qué mala onda, hoy estamos con la maldición de la “clase turista” (me refiero a que un visitante de otras tierras debe encontrar algo que sea compatible con lo que trajo desde tus tierras, sino, pesa sobre él la maldición).

“Mejor compramos y luego buscamos  un cajero” sugiero a Janeth. Y dicho y hecho nos vamos a comprar las entradas.  Janeth la compra sin ningún problema, pero yo sigo con la maldición ¡¡¡  No tengo mí matricula de la actual gestión! Me quiero cortar las venas!!!  El señor que atiende en la ventanilla no me vende la entrada y para tratar de solucionar el problema nos envía donde el administrador  de turno para que pueda dar o no la orden de venderme la entrada en clase estudiante extranjero, pero finalmente turista.

Después de unos 15 minutos de rogar e implorar el administrador accede. “Te la vendemos aquí, pero con el riesgo de que arriba te pidan el reintegro”. No tengo de otra, prefiero arriesgarme a pagar el reintegro a quedarme ahí, a unos metros de la ciudadela, después de haber hecho un viaje tan largo  y no poder lograr el objetivo.

Y con esto ya estamos en el último trato demuestro viaje, sólo debemos caminar una hora (de acuerdo a lo que indicaba el blog) y llegaremos a las ruinas de Machu Pichu. Al ingreso de la subida a las montañas hay un primer control de entradas donde todos los visitantes deben mostrar sus boletos.

Para hacer el ascenso a las ruinas hay dos caminos: uno peatonal formado por graditas de piedras, y el otro para los buses. Nosotras seguimos el primero pues tampoco sabíamos del primero, así que trepamos las más de 1000 graditas hasta llegar a las puertas de ingreso. Ahora solo resta pasar la prueba de fuego: ingresar con la matricula de la gestión pasada. Estamos en la puerta, revisa el boleto y… no me dicen nada ¡¡¡Lo logramos, estamos en Machu Pichu!!!

Machu Pichu – parte IV

Son casi las 5:20 pm, ya terminamos de ver casi toda la ciudadela. No vamos a las ruinas  de la montaña Wayna Pichu porque se hará tarde y no alcanzaremos a tomar el tren que sale a las 6, así que ya es hora de retornar. En nuestro siguiente viaje (en caso de que lo hagamos) iremos a ver Wayna Pichu que pocas veces es mencionada en los libros.

Bajamos las graditas jugando a ver si ganamos al bus que también descendió  a la misma hora que nosotras, pero es obvio que nos gana el bus; no lo alcanzamos a él ni a tomar el tren de  regreso a la Hidroeléctrica. ¡¡¡En serio, hoy estamos con la maldición del turista!!!

No queda de otra, tenemos que volver caminando. No sabemos a cuántos kilómetros esta la hidroeléctrica y menos aún Santa Teresa, tampoco es hora de pensar en la distancia. No podemos quedarnos a dormir en Aguas Calientes porque no tenemos nuestra ropa ni el dinero suficiente para pasar la noche, así que a empezar la caminata forzosa.

Como no sabemos la ruta que debemos seguir, peguntamos a algún vecino del lugar. Para nuestra sorpresa nos indica el mismo camino que tomamos para llegar desde las ruinas a la población..!!! qué macana!! Por qué no se nos habrá ocurrido preguntar a alguien cuando estábamos allá !!!! Bueno, ni modo, a des-andar lo que ya habíamos andado. En el camino preguntamos a otras personas sobre el camino, esto para asegurarnos de que vamos por la ruta correcta. “No se pierdan de las vías del tren, pero tienen que apurarse porque la noche les va agarrar” nos dice una señora. Sin pensarlo más nos ponemos en caminar lo más rápido que podemos.

En el camino de regreso encontramos a varios turistas que se dirigen hasta la población de Aguas Calientes, en realidad son muchos y eso nos da un poco de alivio porque no estamos solas en ese camino donde solo las vías del tren,  el monte y su fauna nos acompañan.

Caminamos muy rápido, casi corremos. Janeth no se distrae con nada y está concentrada en caminar y caminar, en cambio yo me quedo atrás porque me distraigo viendo los arboles, a cuanto animalitos raros que se atraviesan por mi vista,  o simplemente mirando el rio Urubamba que nos acompaña todo el camino hasta Santa Teresa

El sol ha desaparecido y la noche ha empezado a abrirse paso. Ya hemos caminado casi dos horas sin alejarnos de las vías del tren como nos indicó la señora. Al fin podemos ver a la rivera del rio una franja de luces amarillas que nos indican que ya estamos casi cerca de la Central Hidroeléctrica, así que caminamos un poco más rápido.

Cuando llegamos al lugar nos alegramos de ver a personas que están saliendo, pues sabemos que hay un minivan que los transporta hasta Santa Teresa de donde son todos los trabajadores. Nos acercamos a un señor que todavía está con el uniforme anaranjado para preguntarle cuál es la ruta que debemos tomar para llegar hasta El Puente. “A nosotros nos va a llevar la vagoneta, pero a ustedes no creo, no saben querer llevar a turistas” nos dice. Esto nos asusta un poco.

Un par de personas que también salen de la planta y pretenden irse nos ofrecen su compañía y por supuesto aceptamos. Pero uno, dos, tres, cinco, 10 minutos tardan que preferimos caminar y tratar de llegar solas hasta El Puente.

Ya hemos caminado como una hora. El camino es vacío y oscuro, solo hay piedras y derrumbes a un lado; al  otro lado está el rio alborotado y ruidoso, que a esa hora de noche da más miedo del que puede dar  por la mañana.

Seguimos caminando y está más oscuro, así que el camino ya no es tan visible. Janeth decide encender la linterna que llevamos con nosotras (por suerte o por precavías, no sé). Ahora seguimos caminando pero nos acompaña una lucecita que nos muestra el camino que parece que nunca se acaba. Después de un par de horas llegamos a un cruce en el camino que  no habíamos  visto por la mañana. No sabemos por dónde ir, nos quedamos paradas  en el cruce un par de minutos. Ahora estamos más asuntadas que cuando cayó la noche. ¡¡¡Por qué no habremos visto por dónde diantres veníamos en la mañana.!!!! Janeth toma la decisión y seguimos por el camino que está al borde del río. Yo no me opongo porque estoy más asustada que ella. Nos tomamos del brazo y casi corremos, por lo rápido de nuestros pasos.

De vez en cuando movemos de lado a lado la linternita para ver por dónde vamos y lo único que vemos son rocas a un lado y río al otro. “¿Te acuerdas de esto???” me pregunta Janeth  preocupada “No…” le respondo y es que en la mañana no me preocupé por ver  por dónde íbamos, sino en sacar fotos a las cosas interesantes que veía y que  en este momento ya me parecen tonterías por haberles tomado más atención que al camino.

Seguimos caminando, ya casi dos horas y aún no encontramos ese bendito puente!!. Tampoco aparece la vagoneta que supuestamente trasportaría a los trabajadores de la hidroeléctrica y nadie ha dado muestras de transitar por ese camino, ni aquellos que dijeron que caminarían con nosotras.

Movemos nuevamente la linternita ¡¡¡Ahí está!!!! Gritamos emocionadas. Casi nos abrazamos. El acceso al puente ya se veía. Por Dios, el alma nos regresa al cuerpo.!!!  Cruzamos el puente y abajo no se ve nada, todo está  oscuro. Sólo se escucha el del río que corre, pero no nos detenemos a escucharlo y a averiguar cómo está, nos asustaríamos más. Trepamos a duras penas  la cuesta que bajamos por la mañana y por fin: estamos en el camino carretero.

Ahí encontramos a cuatro trabajadores de la Planta Hidroeléctrica. Son tres mujeres y dos hombres que esperan al conductor del minivan que los retornará a Santa Teresa. Janeth y yo nos alegramos de ver a alguien por esos lares donde solo hay  rocas, río y vegetación, que a esa hora está envuelta en oscuridad.  Les preguntamos lo obvio “ustedes van hasta Santa Teresa??” “Sí” nos responde una de las señoras. “Pero no aparece el chofer, pero no creo que les quiera llevar a ustedes. Yo me quiero ir nomás pero no tengo linterna” nos dice. “Nosotras tenemos” y dicho y hecho, la señora se ofrece a caminar con nosotras.

Se llama Tomasa Vargas (creo que ese nombre lo voy a recordar toda mi vida porque es el primero que escucho después de un gran susto) tiene unos 45 años y nos cuenta que tiene seis hijos, dos varones y cuatro mujeres, las ultimas aún viven con ella. Ella ha vivido en el lugar casi toda su vida. Nos cuenta que antes de ingresar a trabajar a la planta hidroeléctrica se dedicaba al cultivo de coca en la comunidad de Cochapampa. Esto no le brindaba tanto réditos  y decidió dejarlo por empleos con un sueldo fijo, entre ellos el de la hidroeléctrica. “Tenemos más cosas: el seguro (de salud), el aguinaldo y el sueldo fijo” no dice. Ella cargaba ese día un saco  lleno de pelotas, bueno unas cinco ocupaban todo el espacio (eso lo sé porque le ayudé a cargar, no era pesado, pero tenía que ayudarla en algo, no?). “Me han regalado en la  planta para mis hijos”, nos cuenta.

La verdad no sé qué habríamos hecho sin ella por ese camino. Como ella ha vivido en el lugar por mucho tiempo es experimentada en esos terrenos y sabe prever y saber por dónde puede encontrarse el peligro. Así lo demuestra en tramos por donde nos cruzamos pequeñas corrientes de agua que cubren el camino, ella bordeaba y sabía que lugares se deben o no pisar para atravesarlos; en algunos derrumbes, corríamos a su orden porque las rocas que caían de las pendientes podían impactar con nosotras. “El camino es peligroso” le digo a manera de comentario. “Sí. Hay varios derrumbes por esta época,  por eso no quieren llevar a los turistas en el minivan. Si pasa algún accidente a nosotros nos cubre el seguro, pero a los turistas no y puede traer problemas a la empresa” nos explica. Y recién entendemos porque no nos querían llevar con ellos desde la Hidroeléctrica.

Entre charla de donde éramos y de a lo que se dedicaba ella, hemos caminado una hora y media aproximadamente. Ya podemos ver las luces de Santa Teresa desde una parte del camino, pero aun falta caminar un buen trecho. No protestamos, sino al contrario, estamos felices, especialmente Janeth y yo, porque ya estamos próximas a llegar a civilización, tan deseada hace un par de horas.

Cuando estamos a las puertas de un poblado cercano aparece el minivan de la planta hidroeléctrica. Doña Tomasa nos dice que roguemos al conductor para que nos pueda trasladar también a  nosotras. Ella hace la parada al minivan que se detiene al verla y la recoge. Nosotras rogamos al conductor para que nos lleve con ellos. Los pasajeros al escucharnos se adhieren a nuestros ruegos. Uno de ellos es el señor  al que encontramos en la planta cuando llegamos al lugar. “Han caminado arto” le dice al conductor y este accede a llevarnos. Ambas subimos  y después de un buen tramos (10 minutos aproximadamente) vemos que todavía nos faltaba mucho camino que recorrer.

Por fin llegamos a Santa Teresa. Nos alegra saber que estamos entre personas tan amables como  doña Teresa, el señor que encontramos en la planta hidroeléctrica y los pasajeros del minivan.  El conductor no nos cobra nada por el transporte, todos nos recomiendan cuidarnos y cada quien toma el camino a su casa.

Nosotras hacemos lo mismo. Primero comemos y después nos dirigimos a nuestro hospedaje. El administrador al vernos nos dice “¿¿¿han llegado???”. Hasta ahora  no sé si fue sorpresa o sólo una pregunta de rutina, pero me inclino más por la primera opción porque estábamos con unas caras que daban pena.

Creo que por ese día acabó la maldición del turista. No tratamos de sacar la moraleja (y hasta ahora no sé cuál es el aprendizaje), pero puedo jurar que esa noche la cama fue lo más hermoso del mundo.

martes, 18 de enero de 2011

Machu Pichu – Segunda parte; altibajos y malestares viajeros….

Domingo 26 de diciembre.
El cielo cusqueño amanece nublado. Me despierto un poco más temprano de lo esperado por el cambio de horario que se tiene allá (una hora menos que Bolivia), pero me da flojera levantarme de la cama por la lluviecita que cae afuera.

Janeth está del otro lado de la cama. Parece que duerme pero está atenta a todo lo que pasa a su alrededor – o por lo menos así lo demuestra los comentarios que me hace después de lo que escuchó durante la noche.

Son las 7:30 am y ambas ya estamos despiertas y fuera de la cama. Nos turnamos para hacer nuestro aseo porque el lugar solo cuenta con un baño para las tres habitaciones que tiene el segundo piso donde estamos alojadas.

Salimos en busca de algo que desayunar y a preguntar dónde podemos abordar el transporte que nos lleve a Santa María, una población de paso para los turistas que quieren llegar a Machu Pichu (según la referencia que tenemos en el mapa y el post que encontramos en internet). Nos dirigimos por las vías del tren y llegamos hasta el Óvalo en homenaje al Inca Pachakuteq donde funciona un centro de información turística.

 Después de caminar unos  cinco minutos llegamos a un centro comercial donde encontramos algo que comer. En los letreritos de los comercios no vemos los típicos anuncios de tés, cafés, cocoas, leches o las clásicas bebidas calientes que se acostumbra desayunar en Bolivia, por el contrario, solo vemos anuncios de “Se sirve: lomito, arroz con huevo, ceviche, etc., etc.…”. La verdad no se me antoja nada de eso a esa hora, pero no queda de otra porque encontrar un desayuno a la boliviana en otro país, JA!!! Ni pensarlo.

 Janeth opta por pedir algo conocido: arroz con huevo que está a 2 soles. En cambio, yo estoy tan ansiosa de conocer los sabores peruanos que opto por  un cebiche ¿¿y quién no?? ¿¿acaso no es mejor la comida preparada por los anfitriones ???? además estaba a 4 soles.

Uno, dos, tres, cuarto bocados al cebiche y ya no doy más, me arrepiento de haberlo pedido, ya no lo quiero y mis lamentos sobre el desayuno peruano le alegran el desayuno a Janeth. (Sino solo miren mi carita y miren la suya…snif).

Media hora después de tormentosos bocados a los ingredientes marinos!!Por fin!! a duras penas, pero por fin acabo el palto de cebiche, o como diría mi ma’: recé sobre el plato para que se acabe. Para tratar de hacer desaparecer el saborcito amargo que mí boca, pido un mate de manzanilla que me cuesta 0,70 céntimos y después Janeth y yo seguimos nuestro camino.

Esta vez tratamos de llegar a la Plaza de Armas de la ciudad o conocer sus museos,  así que nos encaminamos por la avenida Sol y tomamos un taxi. El chofer nos indica que para visitar los museos primero debemos comprar los tickets turísticos. ¡¡ Sopas !! y por qué no pensamos en eso antes !! El señor nos deja cerca el Museo de Sitio Koricancha de donde nos indica podemos adquirir las entradas.

Nos dirigimos a este lugar pero desistimos de la idea de los tickets (que están entre 60 a 70 soles) porque hacer la visita a todos los museos nos tomaría todo el día y nosotras no contamos con todo ese tiempo. Decidimos seguir a pie  las siguientes cuadras que nos faltan para llegar a la Plaza. En el trayecto podemos ver el Convento y Museo Koricancha, el palacio de Palacio de Justicia y alguna que otra calle colonial del lugar. Después de unos 10 minutos de caminar y tomar fotos a cuanta cosa curiosa se nos aparece a la vista, voila!!, estamos en la Plaza de Armas. Es lugar grande y espacioso, en el lugar se encuentra la Catedral y la iglesia La Compañía a las que tratamos de sacar  la mayor cantidad de fotos que nos permita la batería de la cámara.

Ambas elegimos una ruta que no sea tan extensa y morosa, así que nos  dirigimos a la Iglesia de san Pedro y el arco que se encuentra una calle hacia  la izquierda, la Plaza de san Francisco con una iglesia del mismo nombre,  el  Museo de arte contemporáneo, etc. En este recorrido se nos fueron dos horas, casi el medio día (se imaginan que hubiéramos ido a hacer el recorrido por todos los museos?) y ya es hora de volver al hospedaje, recoger nuestras mochilas al hospedaje y continuar el  viaje.

El blog — que en este viaje es nuestro guía principal— indica que debemos llegar a la terminal de Santiago de donde podremos tomar un bus que nos lleve hasta Santa María.
Janeth y yo no sabemos cómo llegar al lugar así que el taxi que tomamos nos conduce hasta la Terminal terrestre “Utrasico” de donde también se puede ir a Santa María. Compramos los pasajes ( 20 soles cada uno) y estamos otra vez en marcha. ¡¡¡Y no saben…!!! a la vuelta de la esquina (textual) estaba la tan famosa terminal Santiago que  no llevaba precisamente el nombre de terminal, sino Paradero, pero bueno, ya estamos en camino y hay que seguir.

Esta vez el viaje es más pesado para nosotras por los cambios bruscos en el clima. En Cusco el clima alcanza los 18 o 20º aproximadamente, pero al hacer el paso obligatorio por el Valle Sagrado, que se encuentra a uno 2800 o 2900msnm sentimos un leve mareito; al llegar al  sector de Abra Malaga,  ascendemos a 4400 msnm (eso es lo que mostraba el letrerito del lugar). Janeth y yo estamos más mareadas, sentimos como se nos revuelve el estómago y estamos con un oidoso dolor de cabeza.
Tratamos de ignorar estos cambios bruscos de ambientes; escuchamos música en el celular de Janeth; tratamos de dormir como podamos en el bus, pero mi eso funciona, así que bueno…nos toca aguantarnos…

Una hora y media por lo menos aguantamos ese ambiente frío y después un descenso. Ahora llegamos a  la región de Ollantaytambo (a 2800 msnm). Estamos algo recuperadas y nos distraemos viendo el paisaje que también ha cambiado: de pajas bravas a verdes y altos árboles. El bus se detiene unos minutos en el poblado. “Ahí están las ruinas” nos dice una señora que está en los asientos de delante. Ahora sí !!, tenemos las mismas energías que cuando iniciamos la travesía. Nos asomamos a la  ventanilla como podemos, tratamos de ver las ruinas, sacamos algunas fotografías y nuevamente el bus retoma su camino y nosotras  volvemos a los dolores de cabeza y los estómagos revueltos.

Ya son casi las 8 de la noche. “Alístense, ya estamos llegando a Santa María” nos alerta una amable señora que encontramos en la terminal de salida de Cusco. Tomamos nuestras mochilas, hacemos la parada al bus “se van a cuidar” escuchamos de la señora (q buena onda, no?) y ya estamos un  poco más cerca de nuestro destino.
Como son las 8 de la noche decidimos llegar ese día a Santa Teresa, otro poblado de paso a Machu Pichu. Hay otros turistas que también esperan transporte  hasta Santa. Ahora si puedo notar el cambio de clima con más severidad. Estamos a 1400 msnm y a Janeth y a mí se nos acaba el aire y sentimos mucho calor. En la negrura de la noche solo notamos la silueta oscura de las montañas que parecen rodear al poblado, que a esa hora esta alumbrado, y parecen raspar el cielo estrellado de aquella noche. ¡¡¡ es lindo realmente ¡!!

En la parada, de donde se supone debemos tomar el móvil a Santa Teresa, hay dos taxis y un minivan.  “A 15 soles” nos dicen. “Está caro” dicen los demás visitantes que no se suben, otros en cambio toman los taxis y se van, no quieren perder el tiempo comentan. Esperamos unos 10 minutos y el minivan, que se ha quedado todavía esperando, rebaja el pasaje a 12 soles, lo cual ya no podemos negarnos a pagar, tampoco podemos esperar más porque, según parece, no  encontraremos un transporte que nos lleve a Santa Teresa a esa hora o un lugar donde pasar la noche en Santa María.

Cuatro turistas, entre hombres y mujeres, están en el minivan además de nosotras. El camino no es tan cómodo como el inicial y el paisaje tiene mucha similitud a Los Yungas: precipicios, caídas de agua por el camino, animales pequeño que se atraviesan por la carretera y un paisaje protuberantemente verde. “Oh my God” exclama a cada una de estas cosas que ve una de nuestras acompañantes, especialmente en los precipicios. Janeth y yo intercambiamos miradas y solo nos reímos, lo mismo hacen sus amigos.

Nuevamente sentimos el cambio de temperatura, esto también lo podemos notar en las subidas que hacemos a las montañas y los poblados que se pueden ver abajo con la típica franjita amarilla formada por las luces. “Mejor que hayamos llegado en la noche porque en la mañana creo que también convocaría a Dios” me dice Janeth y le doy la razón, si hubiéramos llegado en la mañana y con los mismos acompañantes creo que la muchacha no sólo hubiera convocado a Dios, sino hubiera preferido caminar o finalmente no ir para evitar ver los precipicios, pero más bien ahora está dormida.

Después de un par de horas de viajes llegamos a Santa Teresa, estamos a 2300 metros al nivel de mar. El conductor nos lleva hasta un hospedaje donde pasaremos la noche (nos cobra 10 soles a cada una). El administrador del lugar es muy amable y se ofrece a despertarnos a la hora que salgan los móviles rumbo a Machu Pichu y claro, aceptamos a oferta porque estamos demasiado cansadas como para levantarnos por nosotras mismas. Mañana con seguridad llegaremos a la ciudadela, pero por el momento nuestros estómagos y cabezas deben descansar…  buenas noche….zzzzzzzzzzz

martes, 4 de enero de 2011

Machu Pichu; primera parte.

Me parece que lo más interesante para un visitante de Machu Pichu no es la ciudadela, sino el viaje de aventura que debe hacer para llegar hasta allá.


Esta es la aventura a la que nos lanzamos Janeth, mi amiga, y yo para conocer la ciudadela incaica de Machu Pichu. Nosotras buscamos una ruta alternativa para llegar hasta allí y la encontramos, bueno, la encontró Janeth, en un blog donde nos decía como llegar hasta allá haciendo gastos mínimos.

Nos decidimos por este camino porque nos pareció interesante y porque en el post mencionaba que Perurail cobraba a los visitantes a esta ciudad 70 $, pero el cuate que escribió se olvidó mencionar que el monto cubría los pasajes de ida y vuelta. Nosotras tampoco nos preocupamos por conseguir los costos de transporte férreo, pero puedo decir que el largo viaje que hicimos valió la pena porque tuvimos la oportunidad de conocer a personas del lugar (que por cierto son muy amables) y vivir experiencias inolvidables.

Primer tramo: Desaguadero - Cusco.

A las 16: 00 aproximadamente nos encontrábamos en el municipio fronterizo de Desaguadero, entre Bolivia y Perú. Como era la primera vez que salíamos de Bolivia no sabíamos qué hacer al momento traspasar “lícitamente” (porque la frontera se la puede traspasar sin ningún problema puesto que no existe mucho control) nuestro territorio, sólo que teníamos que hacer nuestro registro de salida y entrada en nuestro y el otro país.

Bueno, al llegar a la frontera primero nos dirigimos a la dirección de migraciones de Perú. Allí nos indicaron que primero debíamos registrar nuestra salida en el lado que corresponde a Bolivia para poder registrar nuestro ingreso a Perú. Del lado boliviano no me quejo, no fue ni amable y un mal trato el que nos dieron, pero del lado peruano sí, porque no nos respondieron ni el buenas tardes acostumbrado en el saludo. “yo tampoco respondería, trabajar en feriado es feo” me dice Janeth.

Pasamos el trámite que se debe realizar para ingresar a otro país. Y ahí vamos, rumbo a Puno, ciudad a la que arribamos a las 18 horas aproximadamente, hora peruana. No han pasado ni 15 minutos y ya estamos rumbo a Cusco, un poco más cerca a nuestro destino final: Machu Pichu.

Del paisaje en esta ruta no puedo decir mucho. Está oscuro y solo se siente que vamos por un camino asfaltado y eso porque el bus de la empresa de transportes Power no tiene altibajos ni barquinazos en el camino. A lo lejos, en las pampas altiplánicas donde se ubica el camino entre Puno y Cusco, se vislumbra algunas luces de casitas solitarias. Después de unos 45 minutos de ese paisaje todo se pone en penumbras y solo se escucha el ruido del motor del bus y algunos ronquidos de las personas que se durmieron.

Antes de llegar a Cusco hacemos la parada en tres terminales. Más personas suben al bus que ya está lleno, pues salimos de la terminal de Puno alrededor de 10 personas (así que había asientos para escoger).

La verdad no sé dónde estamos. En el horizonte solo veo unas franjas de luces amarillas que muestran a las poblaciones a las que llegamos. Uno tren se aleja por el horizonte pitando solitario en medio de la fría pampa.

Casi a las 23 horas. Empiezo a sentir un cambio en la temperatura; es algo templado, pero no puedo asegurar que sea por la región a la que sea que hayamos ingresado, también puede ser el calorcito producto del ambiente dormilón que se ha apoderado del bus. Noto que hemos ingresado a un sector de vegetación donde se escuchan corrientes de agua, pero es rocoso. Parece que nadie dentro del bus se ha dado cuenta de dónde estamos. A la rivera del camino sólo veo señales de tránsito y alguno que otro bus, miniband o taxi que a esa hora circula por la carretera. La verdad, no puedo asegurar dónde nos encontramos.

Ya son casi las 2 de la mañana del domingo 26 de diciembre. “Cossio alcalde de Cusco” puedo ver pintado en uno de los muros de una casa y eso me anuncia que ya casi llegamos a Cusco, o… ya estamos en Cusco???

2:30 am y por fin !! aquí está la terminal de la histórica ciudad de Cusco.

Una leve lluviecita cae sobre la ciudad. No sabemos dónde ir a alojarnos. No hay a quién preguntar y las calles están vacías. Un poco de miedo se siente entre ambas. Nos tomamos del brazo y decidimos tomar una de las calles que está a la derecha de la salida de la terminal. Hay varios hospedajes (como llaman allá a los alojamientos) tocamos el timbre de uno pero nadie nos abre. Vamos a otro y tampoco obtenemos respuesta. Vemos que un hombre desciende de un taxi de servicio público y toca el timbre del hospedaje al que fuimos primero y él sí logra que le abran la puerta. Janeth y yo decidimos aprovechar ese momento para pedir también hospedaje y lo conseguimos. El administrador del lugar nos ofrece una habitación con una cama matrimonial y la tomamos, tampoco queda de otra. A las 2:45 am lo más importante no es el tipo de cama que se tenga, a esa hora lo importante es tener un lugar donde pasar la noche

Feliz Navidad !!!!

Y el tiempo continúa en un dejavu constante: cada día vemos salir el sol, cada día las mismas horas, los mismos minutos, los mismos segundos. El alba y el ocaso cada día, la luna y las estrellas por las noches.
Solo nosotros le ponemos significado a los días, a los minutos q pasan, a cada segundo ....
Cada día apreciamos que el sol salga porque así tenemos otro día para volver a empezar o para continuar con nuestras vidas o simplemente para cambiarla. Cada noche vemos salir las estrellas y pedimos deseos, vemos la luna y apreciamos su belleza.

Y en ese constante soñar, desear y pensar llega la navidad y con ella las renovación del alma y los sentimientos de gratitud a todas las personas que nos acompañan cada día y cada segundo en ese caminar constante.
Es cuando recordamos que la vida siempre tiene un significado: volver a nacer del Niño Dios y que ese nacimiento siempre nos conducirá por el camino que tomemos durante el año, hasta que su nueva llegada nos recuerde que debemos renovar nuestros votos de amor hacia los demás.

¡!!! FELIZ NAVIDAD AMIGAS Y AMIGOS, LOS QUIERO MUCHO.!!!!!!