Domingo 26 de diciembre.
El cielo cusqueño amanece nublado. Me despierto un poco más temprano de lo esperado por el cambio de horario que se tiene allá (una hora menos que Bolivia), pero me da flojera levantarme de la cama por la lluviecita que cae afuera.
Janeth está del otro lado de la cama. Parece que duerme pero está atenta a todo lo que pasa a su alrededor – o por lo menos así lo demuestra los comentarios que me hace después de lo que escuchó durante la noche.
Son las 7:30 am y ambas ya estamos despiertas y fuera de la cama. Nos turnamos para hacer nuestro aseo porque el lugar solo cuenta con un baño para las tres habitaciones que tiene el segundo piso donde estamos alojadas.
Salimos en busca de algo que desayunar y a preguntar dónde podemos abordar el transporte que nos lleve a Santa María, una población de paso para los turistas que quieren llegar a Machu Pichu (según la referencia que tenemos en el mapa y el post que encontramos en internet). Nos dirigimos por las vías del tren y llegamos hasta el Óvalo en homenaje al Inca Pachakuteq donde funciona un centro de información turística.
Después de caminar unos cinco minutos llegamos a un centro comercial donde encontramos algo que comer. En los letreritos de los comercios no vemos los típicos anuncios de tés, cafés, cocoas, leches o las clásicas bebidas calientes que se acostumbra desayunar en Bolivia, por el contrario, solo vemos anuncios de “Se sirve: lomito, arroz con huevo, ceviche, etc., etc.…”. La verdad no se me antoja nada de eso a esa hora, pero no queda de otra porque encontrar un desayuno a la boliviana en otro país, JA!!! Ni pensarlo.
Janeth opta por pedir algo conocido: arroz con huevo que está a 2 soles. En cambio, yo estoy tan ansiosa de conocer los sabores peruanos que opto por un cebiche ¿¿y quién no?? ¿¿acaso no es mejor la comida preparada por los anfitriones ???? además estaba a 4 soles.
Uno, dos, tres, cuarto bocados al cebiche y ya no doy más, me arrepiento de haberlo pedido, ya no lo quiero y mis lamentos sobre el desayuno peruano le alegran el desayuno a Janeth. (Sino solo miren mi carita y miren la suya…snif).
Media hora después de tormentosos bocados a los ingredientes marinos!!Por fin!! a duras penas, pero por fin acabo el palto de cebiche, o como diría mi ma’: recé sobre el plato para que se acabe. Para tratar de hacer desaparecer el saborcito amargo que mí boca, pido un mate de manzanilla que me cuesta 0,70 céntimos y después Janeth y yo seguimos nuestro camino.
Esta vez tratamos de llegar a la Plaza de Armas de la ciudad o conocer sus museos, así que nos encaminamos por la avenida Sol y tomamos un taxi. El chofer nos indica que para visitar los museos primero debemos comprar los tickets turísticos. ¡¡ Sopas !! y por qué no pensamos en eso antes !! El señor nos deja cerca el Museo de Sitio Koricancha de donde nos indica podemos adquirir las entradas.
Nos dirigimos a este lugar pero desistimos de la idea de los tickets (que están entre 60 a 70 soles) porque hacer la visita a todos los museos nos tomaría todo el día y nosotras no contamos con todo ese tiempo. Decidimos seguir a pie las siguientes cuadras que nos faltan para llegar a la Plaza. En el trayecto podemos ver el Convento y Museo Koricancha, el palacio de Palacio de Justicia y alguna que otra calle colonial del lugar. Después de unos 10 minutos de caminar y tomar fotos a cuanta cosa curiosa se nos aparece a la vista, voila!!, estamos en la Plaza de Armas. Es lugar grande y espacioso, en el lugar se encuentra la Catedral y la iglesia La Compañía a las que tratamos de sacar la mayor cantidad de fotos que nos permita la batería de la cámara.
Ambas elegimos una ruta que no sea tan extensa y morosa, así que nos dirigimos a la Iglesia de san Pedro y el arco que se encuentra una calle hacia la izquierda, la Plaza de san Francisco con una iglesia del mismo nombre, el Museo de arte contemporáneo, etc. En este recorrido se nos fueron dos horas, casi el medio día (se imaginan que hubiéramos ido a hacer el recorrido por todos los museos?) y ya es hora de volver al hospedaje, recoger nuestras mochilas al hospedaje y continuar el viaje.
El blog — que en este viaje es nuestro guía principal— indica que debemos llegar a la terminal de Santiago de donde podremos tomar un bus que nos lleve hasta Santa María.
Janeth y yo no sabemos cómo llegar al lugar así que el taxi que tomamos nos conduce hasta la Terminal terrestre “Utrasico” de donde también se puede ir a Santa María. Compramos los pasajes ( 20 soles cada uno) y estamos otra vez en marcha. ¡¡¡Y no saben…!!! a la vuelta de la esquina (textual) estaba la tan famosa terminal Santiago que no llevaba precisamente el nombre de terminal, sino Paradero, pero bueno, ya estamos en camino y hay que seguir.
Esta vez el viaje es más pesado para nosotras por los cambios bruscos en el clima. En Cusco el clima alcanza los 18 o 20º aproximadamente, pero al hacer el paso obligatorio por el Valle Sagrado, que se encuentra a uno 2800 o 2900msnm sentimos un leve mareito; al llegar al sector de Abra Malaga, ascendemos a 4400 msnm (eso es lo que mostraba el letrerito del lugar). Janeth y yo estamos más mareadas, sentimos como se nos revuelve el estómago y estamos con un oidoso dolor de cabeza.
Tratamos de ignorar estos cambios bruscos de ambientes; escuchamos música en el celular de Janeth; tratamos de dormir como podamos en el bus, pero mi eso funciona, así que bueno…nos toca aguantarnos…
Una hora y media por lo menos aguantamos ese ambiente frío y después un descenso. Ahora llegamos a la región de Ollantaytambo (a 2800 msnm). Estamos algo recuperadas y nos distraemos viendo el paisaje que también ha cambiado: de pajas bravas a verdes y altos árboles. El bus se detiene unos minutos en el poblado. “Ahí están las ruinas” nos dice una señora que está en los asientos de delante. Ahora sí !!, tenemos las mismas energías que cuando iniciamos la travesía. Nos asomamos a la ventanilla como podemos, tratamos de ver las ruinas, sacamos algunas fotografías y nuevamente el bus retoma su camino y nosotras volvemos a los dolores de cabeza y los estómagos revueltos.
Ya son casi las 8 de la noche. “Alístense, ya estamos llegando a Santa María” nos alerta una amable señora que encontramos en la terminal de salida de Cusco. Tomamos nuestras mochilas, hacemos la parada al bus “se van a cuidar” escuchamos de la señora (q buena onda, no?) y ya estamos un poco más cerca de nuestro destino.
Como son las 8 de la noche decidimos llegar ese día a Santa Teresa, otro poblado de paso a Machu Pichu. Hay otros turistas que también esperan transporte hasta Santa. Ahora si puedo notar el cambio de clima con más severidad. Estamos a 1400 msnm y a Janeth y a mí se nos acaba el aire y sentimos mucho calor. En la negrura de la noche solo notamos la silueta oscura de las montañas que parecen rodear al poblado, que a esa hora esta alumbrado, y parecen raspar el cielo estrellado de aquella noche. ¡¡¡ es lindo realmente ¡!!
En la parada, de donde se supone debemos tomar el móvil a Santa Teresa, hay dos taxis y un minivan. “A 15 soles” nos dicen. “Está caro” dicen los demás visitantes que no se suben, otros en cambio toman los taxis y se van, no quieren perder el tiempo comentan. Esperamos unos 10 minutos y el minivan, que se ha quedado todavía esperando, rebaja el pasaje a 12 soles, lo cual ya no podemos negarnos a pagar, tampoco podemos esperar más porque, según parece, no encontraremos un transporte que nos lleve a Santa Teresa a esa hora o un lugar donde pasar la noche en Santa María.
Cuatro turistas, entre hombres y mujeres, están en el minivan además de nosotras. El camino no es tan cómodo como el inicial y el paisaje tiene mucha similitud a Los Yungas: precipicios, caídas de agua por el camino, animales pequeño que se atraviesan por la carretera y un paisaje protuberantemente verde. “Oh my God” exclama a cada una de estas cosas que ve una de nuestras acompañantes, especialmente en los precipicios. Janeth y yo intercambiamos miradas y solo nos reímos, lo mismo hacen sus amigos.
Nuevamente sentimos el cambio de temperatura, esto también lo podemos notar en las subidas que hacemos a las montañas y los poblados que se pueden ver abajo con la típica franjita amarilla formada por las luces. “Mejor que hayamos llegado en la noche porque en la mañana creo que también convocaría a Dios” me dice Janeth y le doy la razón, si hubiéramos llegado en la mañana y con los mismos acompañantes creo que la muchacha no sólo hubiera convocado a Dios, sino hubiera preferido caminar o finalmente no ir para evitar ver los precipicios, pero más bien ahora está dormida.
Después de un par de horas de viajes llegamos a Santa Teresa, estamos a 2300 metros al nivel de mar. El conductor nos lleva hasta un hospedaje donde pasaremos la noche (nos cobra 10 soles a cada una). El administrador del lugar es muy amable y se ofrece a despertarnos a la hora que salgan los móviles rumbo a Machu Pichu y claro, aceptamos a oferta porque estamos demasiado cansadas como para levantarnos por nosotras mismas. Mañana con seguridad llegaremos a la ciudadela, pero por el momento nuestros estómagos y cabezas deben descansar… buenas noche….zzzzzzzzzzz
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