Me parece que lo más interesante para un visitante de Machu Pichu no es la ciudadela, sino el viaje de aventura que debe hacer para llegar hasta allá.
Esta es la aventura a la que nos lanzamos Janeth, mi amiga, y yo para conocer la ciudadela incaica de Machu Pichu. Nosotras buscamos una ruta alternativa para llegar hasta allí y la encontramos, bueno, la encontró Janeth, en un blog donde nos decía como llegar hasta allá haciendo gastos mínimos.
Nos decidimos por este camino porque nos pareció interesante y porque en el post mencionaba que Perurail cobraba a los visitantes a esta ciudad 70 $, pero el cuate que escribió se olvidó mencionar que el monto cubría los pasajes de ida y vuelta. Nosotras tampoco nos preocupamos por conseguir los costos de transporte férreo, pero puedo decir que el largo viaje que hicimos valió la pena porque tuvimos la oportunidad de conocer a personas del lugar (que por cierto son muy amables) y vivir experiencias inolvidables.
Primer tramo: Desaguadero - Cusco.
A las 16: 00 aproximadamente nos encontrábamos en el municipio fronterizo de Desaguadero, entre Bolivia y Perú. Como era la primera vez que salíamos de Bolivia no sabíamos qué hacer al momento traspasar “lícitamente” (porque la frontera se la puede traspasar sin ningún problema puesto que no existe mucho control) nuestro territorio, sólo que teníamos que hacer nuestro registro de salida y entrada en nuestro y el otro país.
Bueno, al llegar a la frontera primero nos dirigimos a la dirección de migraciones de Perú. Allí nos indicaron que primero debíamos registrar nuestra salida en el lado que corresponde a Bolivia para poder registrar nuestro ingreso a Perú. Del lado boliviano no me quejo, no fue ni amable y un mal trato el que nos dieron, pero del lado peruano sí, porque no nos respondieron ni el buenas tardes acostumbrado en el saludo. “yo tampoco respondería, trabajar en feriado es feo” me dice Janeth.
Pasamos el trámite que se debe realizar para ingresar a otro país. Y ahí vamos, rumbo a Puno, ciudad a la que arribamos a las 18 horas aproximadamente, hora peruana. No han pasado ni 15 minutos y ya estamos rumbo a Cusco, un poco más cerca a nuestro destino final: Machu Pichu.
Del paisaje en esta ruta no puedo decir mucho. Está oscuro y solo se siente que vamos por un camino asfaltado y eso porque el bus de la empresa de transportes Power no tiene altibajos ni barquinazos en el camino. A lo lejos, en las pampas altiplánicas donde se ubica el camino entre Puno y Cusco, se vislumbra algunas luces de casitas solitarias. Después de unos 45 minutos de ese paisaje todo se pone en penumbras y solo se escucha el ruido del motor del bus y algunos ronquidos de las personas que se durmieron.
Antes de llegar a Cusco hacemos la parada en tres terminales. Más personas suben al bus que ya está lleno, pues salimos de la terminal de Puno alrededor de 10 personas (así que había asientos para escoger).
La verdad no sé dónde estamos. En el horizonte solo veo unas franjas de luces amarillas que muestran a las poblaciones a las que llegamos. Uno tren se aleja por el horizonte pitando solitario en medio de la fría pampa.
Casi a las 23 horas. Empiezo a sentir un cambio en la temperatura; es algo templado, pero no puedo asegurar que sea por la región a la que sea que hayamos ingresado, también puede ser el calorcito producto del ambiente dormilón que se ha apoderado del bus. Noto que hemos ingresado a un sector de vegetación donde se escuchan corrientes de agua, pero es rocoso. Parece que nadie dentro del bus se ha dado cuenta de dónde estamos. A la rivera del camino sólo veo señales de tránsito y alguno que otro bus, miniband o taxi que a esa hora circula por la carretera. La verdad, no puedo asegurar dónde nos encontramos.
Ya son casi las 2 de la mañana del domingo 26 de diciembre. “Cossio alcalde de Cusco” puedo ver pintado en uno de los muros de una casa y eso me anuncia que ya casi llegamos a Cusco, o… ya estamos en Cusco???
2:30 am y por fin !! aquí está la terminal de la histórica ciudad de Cusco.
Una leve lluviecita cae sobre la ciudad. No sabemos dónde ir a alojarnos. No hay a quién preguntar y las calles están vacías. Un poco de miedo se siente entre ambas. Nos tomamos del brazo y decidimos tomar una de las calles que está a la derecha de la salida de la terminal. Hay varios hospedajes (como llaman allá a los alojamientos) tocamos el timbre de uno pero nadie nos abre. Vamos a otro y tampoco obtenemos respuesta. Vemos que un hombre desciende de un taxi de servicio público y toca el timbre del hospedaje al que fuimos primero y él sí logra que le abran la puerta. Janeth y yo decidimos aprovechar ese momento para pedir también hospedaje y lo conseguimos. El administrador del lugar nos ofrece una habitación con una cama matrimonial y la tomamos, tampoco queda de otra. A las 2:45 am lo más importante no es el tipo de cama que se tenga, a esa hora lo importante es tener un lugar donde pasar la noche
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