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martes, 29 de abril de 2014

La Muñeca

10 de la noche y aún estoy aquí, en la pasarela de La Pérez.

A esta hora el lugar se ha hecho una galería artística: dos niños potosinos bailan rasgando los charangos que desprenden un tono  medio melancólico y a la vez movidito; un dibujante vende sus artes, otro más allá ofrece posters de artistas...

No sé por qué en medio de tanto ruido, conversaciones, los niños que bailan y tocan, la señora que vende los chocolates y la otra que vende las chalinas y las dos gritan al mismo tiempo, me fijo en ella que gira, gira y gira como la muñeca de  una cajita musical que está a punto de desecharse.

Tal vez es su forma tan particular de bailar/girar, tal vez sus facciones y formas tan varoniles que la delatan, tal vez es la música villera tan llamativa con la que gira, no lo sé, pero ahí está.

La Muñeca gira al ritmo de una cumbia que suena por la radio. Gira detrás de la cajita que le sirve para recibir las monedas que algunos de dan por el espectáculo.

Sus largas piernas se sostienen sobre un par de tacones de zapatos cerrados, que a simple vista se nota que le incomodan. En algún momento de esos parece que va a caer, pero logra mantener el equilibrio y sigue girando.

Algunos pasan, otros nos hemos detenido a  verla girar desde lejitos, en su espacio tan pequeñito al final de la pasarela. Otros le dan un par de monedas en la cajita; otros la miran de pies a cabeza,  encojen los hombros, ocultan sus sonrisas con la mano y siguen su camino murmurando y volteándose a mirar de reojo los giros de La Muñeca.

Un  hombre  medio obeso se detiene justo frente a ella. Le mira y remira la microfalda tableada que apenas le cubre los glúteos. Se apoya en la baranda, cruza los pies, los brazos y se pone a observarla como si fuera el mejor espectáculo del mundo, como si La Muñeca bailara solo para él.

Parece que la desnuda con los ojos, le mira, pero no el rostro, solo la faldita y las largas piernas que la ayudan a girar. Tiene en su cara redonda una sonrisa maliciosa… brrrrrrr *Se estremece*

La Muñeca agacha la cabeza y sigue girando y sigue girando, como si de girar dependiera su vida y parece que así es. Girar y soporta  las burlas  de algunos y comentarios y miradas  obscenas de otros.

Ya han pasado 15 o 20 minutos… Yo qué sé!!!! Solo sé que hace frío, que la galería de artistas callejeros se está vaciando, que los espectadores caminan más apurados de lo normal (claro, ya es tarde), que La Muñeca recoge sus monedas, apaga la radio, toma su cartera y se va por la calle Potosí. Y que mientras se va, el hombre que la estaba mirando le lanza un piropo grotesco… Que es hora de correr a casa o no tendré dónde dormir esta noche. Chauuu!!!

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