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lunes, 22 de marzo de 2010

Así conocí a Luis Espinal, y así lo recordamos

Yo no tuve el placer de conocerlo. La imagen que me presentaron, y se me quedó grabada en la memoria, es la de una persona con mirada pacífica, una leve sonrisa que inspira confianza para unirnos a su lucha, facciones de un hombre delgado que forman un rostro rodeado por una barba parecida a la de un mesías, y su chompa, tan humilde como las personas por las que siempre peleó.
Así es como me presentaron al Padre Luis Espinal, primero en el colegio como uno de los personajes que hicieron y hacen la historia boliviana; después lo descubrí en los textos universitarios junto a las explicaciones del docente de Cine, ( materia que también dictaba Espinal en la U católica), en su pasión de las Oraciones a quemarropa, en las oraciones que le elevan sus seguidores, y en los recuerdos preclaros de mis padres de la dictadura de Luís García Mesa, y en la gente que lo recuerda cuando lo encontraron en un basural aquella mañana del 22 de marzo de 1980.
Han pasado 30 años desde aquella noche entre el 21 y 22 de marzo, después de que lo raptaran de la puerta del cine 6 de agosto donde fue a ver "Los Desalmados" — cruel ironía de la vida — para luego amanecer sin vida en las periferias paceñas, deshabitadas por ese entonces. Han pasado 30 años desde que sus amigos preguntaran por él cuando no llegó al trabajo.
Mi generación no conoce los sinsabores de la dictadura, pero disfrutamos una democracia conseguida a base de sangre de aquellos que dejaron su legado, a base de la sangre y sufrimiento.
Waldo Albarracín, ex Defensor del Pueblo, alguna vez decía en las aulas universitarias " si no conocemos las dictaduras no sabemos vivir en democracia" y para los que atravezaron de la mano del miedo las represalias rumbo a la libertad de pensar, caminar y vivir, la democracia es mantener esa libertad a flote, tal como me dijo mi madre cuando le pregunté lo que significaba Luis Espinal para su generación.
Muchos nos sentimos orgullosos de decir que vivimos en una tierra donde la libertad se construye cada día a base de pelea, de saber que hay personas que viven por defenderla, y sobretodo, nos sentimos orgullosos de decir que 30 años después de tanta sangre, podemos señalar culpables (no a todos porsupuesto) para que como cualquier otro criminal paguen sus culpas...
Todos queremos cambiar el mundo, pero sólo lo lograremos trabajando por mantener lo que le costó a Lucho Espinal, a mis abuelos, a mis padres...
"El país no necesita de mártires, sino constructores. No queremos mártires, así se queden vacías las horas cívicas.... no hay que dar la vida muriendo sino trabajando" (Luís Espinal,Oraciones a quemarropa)

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